Como nunca antes en la historia moderna de México, las Fuerzas Armadas –y en particular el Ejército- salieron a pintar raya contra sus potenciales detractores

 

Como nunca antes en la historia moderna de México, las Fuerzas Armadas –y en particular el Ejército- salieron a pintar raya contra sus potenciales detractores.

Y sin dar nombres, pero en clara referencia a Andrés Manuel López Obrador, el general José Carlos Beltrán, director de Derechos Humanos de la Sedena, dijo que el Ejército ha sido difamado al pretender relacionarlo con actos de represión y pidió a quienes calificó como especuladores, que si existen pruebas de sus acusaciones, que las presenten para que se proceda conforme a derecho.

La severa postura se da en medio de declaraciones del dirigente de Morena, en las que presumiblemente se involucra al Ejército, a la par del presidente, en el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

El caso se politiza, considerando que se implica al precandidato puntero en las encuestas para el 2018, a quien desde distintas trincheras se le combate reiteradamente como “un peligro para México”.

Pero para ser justos, habría que analizar con exactitud el contenido y el contexto de las declaraciones para concluir si de verdad son imputaciones las que hace AMLO, o las respuestas de las Fuerzas Armadas son imputaciones que buscan contrapuntearlo con las instituciones castrenses, como un acto desesperado por descalificarlo.

Hasta donde podemos evaluar, el presidente de Morena solo cometió un serio desliz, pero no fue con el Ejército, sino con la Marina.

Sucedió en febrero, cuando en un operativo para capturar a uno de los cabecillas de los Beltrán Leyva, el precandidato dijo que en el acto fueron acribillados menores de edad.

Por lo menos en la lista oficial de muertos, no existían menores. Y López Obrador sí se vio precipitado al darle crédito a versiones que no fueron confirmadas.

Pero el otro incidente, que ese sí involucra a la Sedena,  es muy discutible. Tiene que ver con la gira de AMLO por Nueva York, en donde fue increpado por un padre de familia de los desaparecidos de Ayotzinapa.

De ese hecho se desprendieron, mediáticamente hablando, dos falsedades. La primera, que López Obrador insultó al padre del normalista al callarlo, hecho que nunca se demuestra en los videos y audios disponibles. Y dos, que culpó al Ejército de la desaparición. Falso.

Lo que el precandidato dijo es que se le preguntará al Ejército y al presidente sobre los desaparecidos. Nada más.

Y la pregunta viene porque en las investigaciones se establece que Iguala era territorio vigilado por el Ejército y en particular por el Batallón 27, donde en algún tiempo despachó como su jefe el actual secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos.

Qué bueno que la Secretaría de la Defensa salga a poner el pecho por sus hombres, que dicho sea de paso y sin demeritar su patriotismo, frente a un abuso real son igual de cuestionables que cualquier mexicano. Recordemos los hechos de Tlatlaya.

Lo que se evidencia, por el fondo, la forma y el tono de la declaración, es que o alguien vio la oportunidad de asestar un golpe a AMLO o ellos, los militares, saben algo que los simples mortales no conocemos y están preocupados. Veremos.