Manuel González es un peculiar político nuevoleonés a quien después de largos años en el priismo, se le premió con la secretaría de Gobierno de la administración de Jaime Rodríguez Calderón

Manuel González es un peculiar político nuevoleonés a quien después de largos años en el priismo, se le premió con la secretaría de Gobierno de la administración de Jaime Rodríguez Calderón.

Es un personaje apocado, lleno de intrigas, odios y rencores, que tiene un sin fin de enemigos y demasiados pocos amigos.

Después de los gobiernos de Alfonso Martínez Domínguez y Jorge Treviño cayó en la desgracia política y sólo pudo recuperar el aire cuando su amigo El Bronco lo rescató como su segundo de abordo.

Decimos que se sacó la lotería, porque las ambiciones del gobernador al buscar la candidatura presidencial lo obligan a aceptar cualquier foro fuera de Nuevo León, hasta una convención de Mary Kay, para darle rienda suelta a su futurismo.

Eso hace que desde hace meses, Manuel sea de facto el gobernador de ese estado. El que por encima de su jefe toma las decisiones y haya convertido al gobierno en una caja china de intrigas que traen contrapunteado a todo el gabinete.

Para ubicarnos, fue Manuel González quien reveló, con suprema estupidez, que el primer gobierno independiente estaba en tratos con el gobierno federal para negociar la candidatura presidencial de El Bronco a cambio de apoyos federales. Sería la noticia del siglo, anunció ante a las cámaras.

El presidente Enrique Peña Nieto se vio obligado a dar el zape, a desmentirlo, pero su jefe -¿o subordinado?- fue incapaz de ponerlo en su lugar por exhibir una lengua muy larga y un cerebro muy corto.

Pues ese personaje sostuvo una junta a la que asistieron algunos integrantes del gabinete, incluyendo el procurador Bernardo González y el fiscal anticorrupción Ernesto Canales.

Y para estupefacción de los asistentes, les dijo que a ver cómo le hacían pero que él quería al ex director de Agua y Drenaje, Emilio Rangel Woodward, procesado y en la cárcel. Les dio un plazo de dos semanas.

La instrucción era para el fiscal anticorrupción, quien para el bronco-team les ha fallado en poner permanentemente tras las rejas a el exgobernador Rodrigo Medina.

Sin El Bronco en la reunión, Manuel exigió que se pasaran por encima el debido proceso y operar no con la Constitución, sino con el Código Penal en la mano.

Y todo porque a espaldas de su jefe, Manuel le prometió a un medio de comunicación que con la detención de Rangel Woodward exhibiría a otro medio de comunicación rival, una de cuyas filiales construyó la obra reclamada al exdirector.

El hecho es que el fiscal anticorrupción, pasó por encima del debido proceso que tanto defiende a nivel nacional, para cumplir los caprichos de quien de facto gobierna Nuevo León.

Al final el exdirector de Agua y Drenaje salió libre y al igual que Rodrigo Medina, se convirtió en otro “ya merito” de un gobierno que se opera desde el vacío, sin inteligencia alguna, con abuso de vísceras y excesos  de ambición.

Luego vienen las arengas de Jaime anunciando que se apresta a derrocar a las mafias políticas, económicas y mediáticas que, como la Iglesia en tiempos de Juárez, tienen estancado a México. ¿Lo dejará Manuelito?