La reunión anual de banqueros en Acapulco que se realizó la semana pasada ofreció varios elementos que conviene dimensionar para entender el momento en el que se encuentra el humor social del país en lo que a las finanzas se refiere

Es bien sabido que cualquier clase dirigente necesita infundir optimismo en sus pueblos. Y es bien sabido que, cuanto más grande es el peligro, más se deberían de unir las autoridades para rendir un mensaje en común.

La reunión anual de banqueros en Acapulco que se realizó la semana pasada ofreció varios elementos que conviene dimensionar para entender el momento en el que se encuentra el humor social del país en lo que a las finanzas se refiere.

En ese contexto fue posible observar esos extraños maridajes de la política donde da igual si es secretario de Relaciones Exteriores o de Hacienda, o si es el gobernador del Banco de México o lo será hasta noviembre, porque como si fueran los tres mosqueteros, Luis Videgaray, José Antonio Meade y Agustín Carstens, lanzaron unos mensajes al país que valdría la pena recuperar.

Y es que, de todos los análisis realizados por los medios de comunicación sobre ese evento hubo uno que llamó mi atención, me refiero a la columna de Enrique Quintana en el periódico El Financiero, quien destacó que en el asunto del TLCAN “tenemos la sartén por el mango”.

El problema es que hay algunos que ignoran que las prisas en esa negociación podrían desatar una catástrofe nacional. Y en ese sentido, resultó muy positivo escuchar al canciller diciendo que “México no será rehén de los tiempos electorales”, sino que lo importante es hacer un buen acuerdo.

Sin duda, esa declaración está llena de sentido común, puesto que sólo es cuestión de tiempo para que Mr. Trump arda en su propia hoguera, sin embargo, también agregó que las negociaciones iniciarán a mediados de este año y se espera que para finales del 2017 ya se haya logrado algo.

Situación que considero técnica y materialmente imposible, sobre todo porque la negociación del sistema mexicano se está concentrando en manos del canciller y además todos los asuntos de seguridad, economía, justicia y cooperación también pasan por su centro.

Sin embargo, no nos podemos confiar en que tenemos el mango, la sartén y lo que se fríe en ella, ya que Estados Unidos tiene una relación de colaboración permanente con México, y nosotros no podemos ignorar que nuestra dependencia hacia el vecino del norte es tan grande que sería un asunto de seguridad nacional el hecho de intentar cambiarla.

Por lo tanto, creo que es menester solicitarle a nuestros gobernantes y también a los banqueros, a los empresarios y a la sociedad mexicana que dejen ya el tema de la trumpmanía y la obsesión nacional, y que aprovechemos esta coyuntura para crear alternativas reales que nos permitan diversificar nuestra economía y nuestras señas de identidad en otras áreas del mundo.