EXPRESIONES100417.
Hace ya muchos años tuve la oportunidad de conocer a un buen funcionario y amigo, que hoy en día se dedica a la docencia y a desfogar su arte en “la cantada”, fuera del mundanal ruido de la política. Me refiero al Licenciado Rafael Montaño Trueba, quien en varias ocasiones nos hizo el favor de escribir artículos en la revista Expresión de Oaxaca, publicación mensual editada, allá por los setenta y ochenta del siglo pasado, por mi hermano el Doctor Héctor Ramírez Puga.

Rafael Montaño fue Procurador de Justicia del Estado y en cierta ocasión escribió un artículo que tituló “Mi amigo el burócrata”, en donde hacia una crítica de la labor del funcionario y trabajador del gobierno, bajo un ánimo de sugerir enmiendas y mejores aprovechamientos de las aptitudes de los trabajadores.

Pues bien, en remembranza a aquello, hoy me animo a escribir sobre mis amigos los periodistas, que por muchos años han intentado constituir un gremio sólido y armonioso, sin conseguirlo.

¿Por qué?

Simplemente por ese ego fatídico que nos hace sentir poseedores e investigadores de la verdad y que nos hace subir en un pedestal que se asume como aquel síndrome de subirse a un ladrillo y marearse con la altura.

En todas las áreas y niveles de la actividad periodística, sean editores, columnistas, articulistas o reporteros, las afinidades se dan por estratos sociales, por afinidad y hasta por sexo, no por intereses comunes.

Las mujeres en su rollo, los fotógrafos igual, los columnistas no se diga; las envidias, las denostaciones, la intolerancia y hasta la discriminación se hacen presentes y patentes, cuando el libre pensar y la libertad de escribir debiera ser para armonizar y empujar el libre albedrío como una herramienta de acción social que impulse y vigile al poder económico, político o social.

Sin embargo, hemos sido más dados a victimizarnos que a ser solidarios con quizá la actividad más trascendente para toda la sociedad que es mantenerla bien informada: “Un pueblo bien informado, es un pueblo bien gobernado”, expresó con sabiduría en una ocasión Jacobo Zabludowsky, y tiene razón.
Pero el llamado “gremio” periodístico, sigue jalando cada quien por su lado, sin mostrar unidad ni respeto entre ellos mismos.

Mi amigo el periodista es así, y hoy que padecemos violencia y amagos en contra de nuestro oficio, creo es momento de corregir para cumplir con nuestro propósito de expresarnos con responsabilidad y congruencia, para liberarnos de ataduras y así emprender juntos el sinuoso camino del ejercicio periodístico, para no caer en la corrupción o el envilecimiento personal por un lado, o caer en la mediocridad y la frustración por el otro.
Es momento de que el ejercicio periodístico se reivindique y se unifique, so pena de seguir enmarañado en incongruencias y frustraciones…

Oaxaca de Juárez, Oaxaca; lunes 10 de abril/2017.
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