No acabo de entender la obsesión de los partidos políticos y de sus líderes por debatir las encuestas sobre el posible resultado de la elección para gobernador en el Estado de México

  
No acabo de entender la obsesión de los partidos políticos y de sus líderes por debatir las encuestas sobre el posible resultado de la elección para gobernador en el Estado de México.

Sobre todo cuando cada quien acomoda los resultados a conveniencia y lo que es peor, que a simple vista lo que reflejan en una incongruencia que obliga a descalificar la encuesta de inmediato.

Tomemos como ejemplo solo las dos últimas encuestas publicadas por El Universal y El Economista, ambos medios prestigiados, pero con encuestas que se muestran sin pies ni cabeza.

El último sondeo fue publicado ayer por El Universal y refleja que el priista Alfredo del Mazo aventaja con el 21 por ciento de las preferencias, dejando a la morenista Delfina Gómez en segundo lugar con 17.4, la panista Josefina Vázquez Mota con 14.1 y el perredista Juan Zepeda con 12.7 por ciento.

Pero cuando uno se asoma a las preguntas periféricas, se encuentra -en la misma encuesta- que el 65.2 por ciento de los encuestados dicen que sería bueno un cambio de partido en el poder en el Estado de México.

En pocas palabras, el favorito es el priista por el 21 por ciento de las preferencias, pero el 65.2 por ciento dicen que es necesario sacar al PRI de esa entidad.

La respuesta podría estar en que de los encuestados solo el 40.8 por ciento tienen el voto definido. El otro 59.2 por ciento o no se define todavía o dice que puede cambiar el voto en el camino.

La encuesta de El Economista no es diferente. Del Mazo va arriba con 24.5 por ciento, Delfina en segundo con 21.3 por ciento, Josefina en tercero con 18.4 y Juan Zepeda en cuarto con 12.8.

Pero en las preguntas anexas, la misma encuesta revela que el 39.9 por ciento no le tiene confianza al priista Del Mazo, mientras que esa desconfianza apenas alcanza el 17.9 por ciento con la panista Vázquez Mota y el 12 por ciento con la morenista Delfina.

Peor aún, El Economista revela que el 55.4 por ciento de sus encuestados dicen que lo peor que le puede suceder al Estado de México es que gane el PRI.

A ver, a ver. Si el priista es el puntero y más de la mitad dicen que ya no quieren al PRI en el gobierno mexiquense, ¿se pueden lanzar al aire cantos de victoria?

Lo que intentamos decir aquí es que las encuestas ya dejaron de ser lo que solían ser: un reflejo mas o menos confiable de lo que se esperaba.

Las experiencias de Nuevo León con la sorpresiva victoria de Jaime “El Bronco” Rodríguez, el inesperado, y no detectado por las encuestas, ascenso de Podemos en España, las fallas en los pronósticos sobre el Brexit en el Reino Unido, la paz en Colombia o la victoria de Trump en Estados Unidos lo dicen todo.

Insistir en tomar las encuestas como bandera de campaña, a conveniencia del partido que dice ir adelante, es un acto por demás suicida.

¿O acaso el PRI no aprendió la lección en la pasada elección del 5 de junio, en donde perdió por primera vez estados jamás perdidos, como Veracruz, Tamaulipas, Quintana Roo y Durango?