Antonio Bertrán
Cd. de México (02 mayo 2017).- “La cerebra”. Así, en femenino, debería nombrarse el órgano inteligente del cuerpo humano, reconoce Eduardo Calixto, dada la mayor eficiencia que presenta el de la mujer para “hablar, coordinar, recordar y administrar”.

Entre los varios modelos a escala que el científico tiene en su oficina del Departamento de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría, llaman la atención dos porque, en lugar de materia gris, la tienen rosa y azul. El cerebro rosa, de la mujer, pesa en promedio mil 250 gramos, 100 menos que el masculino, el azul.

“Aunque menos pesado, ellas tienen mejor conexión y mayor modulación hormonal”, anota el doctor en neurociencias en Un clavado a tu cerebro (Aguilar). En este libro, explica en entrevista, toma “la ciencia y la trata de explicar” con un lenguaje sencillo sin caer en la “obviedad”, como le inculcó un profesor, Roger Gutiérrez, cuando era alumno de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Debido a los estrógenos, las hormonas femeninas, las mujeres tienen mayor conexión entre sus neuronas, ilustra el especialista: El cuerpo calloso, que comunica los dos hemisferios cerebrales, es 30 por ciento más grande en ellas, el hipocampo 25 por ciento mayor, así como las áreas de entendimiento (llamadas de Wernicker) y motora del lenguaje (de Broca).

Por tal diferencia anatómica, “mientras que el hombre se enamora predominantemente con un hemisferio cerebral, procesa información en forma lenta, los detalles no son tan importantes y las palabras no fluyen con la intencionalidad que las mujeres suelen esperar, el cerebro de la mujer es más rápido, eficiente e intenso para enamorarse”.

Además ellas memorizan con mayor eficiencia fechas, caras o detalles y su madurez cerebral, que alcanzan antes que el varón, suele hacerlas más asertivas.

Dado que es un tema “taquillero”, confiesa Calixto, el amor abre el libro, seguido de su contraparte: el desamor.

El cerebro, subraya, es el órgano del amor, porque es el responsable de liberar una descarga de unas 15 substancias, particularmente la hormona oxitocina y el neurotransmisor dopamina, que provocan este sentimiento y son tan adictivas como las drogas.

La mala noticia es que tal descarga de substancias también es la responsable de la caducidad de la pasión porque, en un lapso de tres años, va decayendo hasta desaparecer, y entonces el organismo, como un drogadicto, busca una nueva persona que le genere la misma descarga.

A menos que el individuo -los varones son, por estructura cerebral, más propensos a buscar parejas- sea maduro y trate de continuar su relación por medio de “reforzadores” como la expresión del cariño con palabras, los detalles y la cercanía física.

Un clavado a tu cerebro pasa revista a otras emociones, relacionadas con “los pecados capitales”, como el enojo y la envidia.

“Hoy sabemos mucho del enojo y de cómo podemos controlarnos”, dice el alumno del eminente fisiólogo celular Simón Brailowsky.

“Sabemos mejor de la tristeza que hace 10 años aunque aún tenemos un problema que es la depresión, su principal componente, pero me encantaría saber más sobre los envidiosos”.

El volumen, que entre otros temas cotidianos analiza la felicidad para la que “está diseñado el cerebro humano”, también presenta, en el estilo de los libros de autoayuda, consejos para mejorar la inteligencia, la memoria y controlar las emociones negativas.

Responder algunas de las interrogantes que ha estudiado, desde 1999, como si es posible recuperar o proteger un cerebro dañado por un traumatismo, está entre lo que Calixto espera entender del cerebro antes dque el suyo se apague para siempre.

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