LA CULTURA CONTEMPORANEA.

El México moderno es producto de un fenómeno asaz complejo en el que intervinieron no pocos hechos dramáticos, la conquista no hizo más que socavar los cimientos de un orden que se creyó sempiterno y cuya estruendosa disolución fue el réquiem que dio fin a una edad del mundo, anunciando, al mismo tiempo la instauración de otra. A partir del siglo XVI, América empezó a ser un inmenso territorio de experimentación, en muchos sitios del continente, los europeos pretendieron borrar todo vestigio de los viejos dioses, de las ancestrales cosmogonías que regían el tránsito de la vida y de los astros, en otros tantos se respetó hasta cierto punto la integridad de los pueblos con la condición terminante de que adoptasen la nueva religión encarnada por un dios que no pedía sacrificios sino que se sacrificaba así mismo, en una cruz y siempre agonizante, hasta convertirse en una figura “Taumaturga”. La particularidad de la conquista estriba en que ni la cultura vencida murió del todo ni la peninsular se impuso de manera total e inmediata y lo que surgió de esa colisión estrepitosa fue una amalgama provista de polaridades violentas que definió tras siglos de doloroso parto, al México de hoy. Con los cronistas Españoles aparecen los primeros testimonios sobre dicho periodo en que empieza la gestación de la historia contemporánea del país, dos hispanos juegan un papel relevante como registradores de innumerables acontecimientos:  Bernal Díaz del Castillo y el Conquistador Anónimo, llamado así por Clavijero, por cronistas y por los compañeros de Hernán Cortés, ambos impresionados por la vida y las costumbres de los naturales, nos dejaron su veredicto exacto y curioso, otro cronista que vivió en Oaxaca en 1532 fue Fray Bartolomé de las Casas, de él dice don Justo Sierra que exageró y abulto quizá la bondad esencial de los indígenas y la maldad de sus explotadores, fué un corto tiempo ya que su residencia final sería el hoy Estado de Chiapas. Entre los cronistas he de citar al mismo Hernán Cortés, ya que en su segunda estancia, en 1533, al escribir el 25 de enero de ese año una de sus cartas de relación, lo hace desde el pueblo de Tecoantepeque, costa del Mar del Sur, lo que sería Guadalcázar –Hoy la hermosa Ciudad de Tehuantepec-. El 10 de octubre de 1550, llega a la ciudad de Antequera Don Antonio de Mendoza, virrey de la Nueva España, durante su travesía hacia Perú, en su breve permanencia en la ciudad de Antequera escribió: La ruta de Antequera es muy transitada a causa del comercio del cacao, La grana y la ceda. En 1533, en su historia de los indios de la Nueva España, Motolinia describe como impacto la arquitectura, en su viaje por Mitla, al franciscano Martin de Valencia, otros que hicieron alusión al mismo conjunto prehispánico fueron Alonso de Canseco, en sus relaciones Geográficas de Antequera (1584)  y el arquitecto Luis Martin, quien lo hace en las postrimerías del siglo XVIII, afirmando que la zona arqueológica es un destino obligado para los viajeros. En aquel tiempo Monte Albán se encontraba oculto y era desconocido incluso por los mismos Oaxaqueños, no fue sino hasta 1806 en que el Belga Guillermo Dupaix se refiere por primera vez a este antiguo asentamiento, al que se le llamo el DANI DIPA.

Ya entrado el siglo XVIII, la ciudad de Oaxaca gozaba de un especial prestigio por su clima y por su arquitectura, de este periodo es el poema en Latín La Rusticatio Mexicana (1781), del Guatemalteco Rafael Landívar, quien hace una exaltación del entorno provinciano.

De Nueva España en la región florece
una ciudad famosa,
que el título de tal mucho merece
por ser en habitantes populosa
y de hermosas viviendas adornada.

Prosigue el viajero con los monumentos religiosos que lo impresionaron durante su visita:

Además, celebrada
de su comercio por los ricos nervios
y augusta ser morada
en que templos levantándose soberbios,
Ciudad a la que fama duradera
y honor que nada opaca,
dió con largueza el Valle de Antequera,
conocido más bien por Oaxaca.

En su ensayo político de 1809, el barón Alejandro Von Humboldt se explaya cuando habla de la ciudad:
La palabra Oaxaca se deriva del nombre mexicano Huaxyacac, Valle de los guajes: era esta población una de las cabezas del partido del país de los zapotecas y casi tan grande como su capital Teozapotlan, la intendencia de Oaxaca es como uno de los países más deliciosos de esta parte del globo, lo apacible y sano del clima, la fertilidad del terreno, la riqueza y variedad de producciones, todo concurre para el bienestar de los habitantes, así en esta provincia, desde los tiempos más remotos, ha estado siempre la civilización muy adelantada. Aquí la vegetación es hermosa y lozana, y las lluvias abundantes desde marzo hasta octubre, colocada la unidad en su suave declive de la Sierra Madre, domina en hermoso valle de tres leguas de largo por diez de ancho a la margen izquierda del Rio Atoyac, la ciudad es hermosa, sus calles tiradas a cordel y sus edificios notables. El cielo de Oaxaca es puro, siempre azul y sereno y la temperatura suave y agradable en todas las estaciones, con ligerísimas variantes.

Nuevamente Mitla es aludida en 1830 por el Alemán Edward Muhlenpfordt, por medio de dibujos, resaltando su semejanza con el edificio que alojaba el Palacio Episcopal de la Provincia Eclesiástica de San Marcial, hoy Palacio Federal. El 15 de febrero de 1854, entra en territorio Oaxaqueño por el Cañón del Tomellín, el Alemán G.F. Von Tempsky, y, en un viaje de seis días, llega a la ciudad de Oaxaca haciendo uso del caballo como medio de transporte, este viajero que se caracteriza por sus dotes intelectuales, se expresa así:  Nunca había yo visto en México un aspecto comparable al que presenciaban mis ojos, en un cielo sin nubes, los altísimos picachos se sobreponían unos a otros, en increíble profusión, las hondonadas, al fondo de los precipicios, veíanse cuajadas de vegetación tropical, y los árboles y las encinas parecían haber producido los más extraños ejemplares de la especie, y allí mismo, cerca de nosotros, a despecho de la vecindad de las rocas y de las crueles tormentas que sin duda los habían sacudido, dándoles formas excéntricas, mostrando sus raíces, se dispersaban sobre el barranco y sus ramos retorcidas se balanceaban por encima de los más espantosos abismos, por un lado, el cacto, floreciendo de rosados botones se destacaba abrupto y brusco en medio de la verde esmeralda de la maleza resplandeciente de las montañas, los peñones como columnas graníticas, dibujaban la crestería de nudos múltiples sobre el precipicio del fondo. Y concluye así su memorable odisea: Partimos rumbo a Oaxaca, cruzamos sobre un camino donde desayunamos, bajando sobre un ameno camino a nivel, llegamos al caer la tarde a Oaxaca, es decir, entramos a lo largo de una calle flanqueada de casas pequeñas, después de una hora de camino, pudimos alcanzar el centro de la población. Johann Wilhelm Von Müller arribó a éste estado en enero de 1857, de sus observaciones extrajo su viaje a los Estados Unidos, Canadá y México, por ésta época, los franceses viajeros empiezan a llegar a Oaxaca y un año después en 1858, Desiré Charnay toma las que quizá sean las primeras fotografías de Mitla, otro galo, Charles Brasseur, que usa el seudónimo de E.C. Ravensberg, escribió en 1859 su viaje por el Istmo de Tehuantepec, más tarde el Austriaco Teobert Maler publica “Los palacios sacerdotales de Mitla” (1880) siete años después, en Estados Unidos se publica el libro titulado Arch, producto de la visita a Oaxaca que realizo William H. Holmes. A finales de 1911, durante el gobierno del Lic. Benito Juárez Maza, llega por ferrocarril el norteamericano E. H. Blichfeldt, quien recorre buena parte del estado, en el capítulo VII del libro en que se refiere la experiencia de su viaje habla de la ciudad de Oaxaca, dicho sea en buena hora, es uno de los más característicos de todo México… es difícil que nada cambie en Oaxaca, desde luego el clima jamás lo hace, es de una perfecta igualdad y absolutamente delicioso. Allá por 1920, en plenas elecciones para gobernador del estado, llegó a Oaxaca la escritora inglesa Neill James, en un viaje que le había llevado por todo el mundo, vino como todos, había oído de ésta tierra, por ello escribe en su libro Dust on my Heart: Es el Estado más rico y menos explotado de la República Mexicana, sus ásperas montañas sirvieron al creador para guardar en ellas sus más variadas riquezas minerales.

Continuará…………………..

Oaxaca, Oax., a 21 de mayo de 2017.
Jorge Alberto Bueno Sánchez.
Cronista de la Ciudad de Oaxaca.
Miembro de la S.M.G.E.
Miembro del S.C.M