Hay tres tipos de PAN, además del que milagrosamente se multiplicó con los peces: el que bebió el veneno del poder, el que existió antes de haberlo bebido y el que llegó después de haberlo perdido.

Ahora llegan al rumbo del 2018 con 11 gobernadores y siendo la segunda fuerza política que recibe el mayor presupuesto del país. Sin embargo, desde hace un tiempo la dirigencia del PAN, la administración interna del partido, ha sufrido convulsiones profundas.

La vida siempre se parece a la Biblia y a Shakespeare. Y a Ricardo Anaya le tocó hacer el papel de Bruto contra un Julio César llamado Madero a la hora de conquistar la presidencia del partido.

Todo estaba escrito, joven brillante, mirada limpia e inclusive podría ser el siguiente presidente que le garantizaría a los priístas que aquí no ha pasado nada. O dicho de otra manera, podría ser un Anaya ordenado que hiciera justicia, que detuviera el populismo y que no tuviera interés en recordar el pasado político inmediato del sexenio en el que si todo hubiera salido bien, habría heredado algo mejor.

Es una pena que la vida nunca se parezca a un plan, porque la vida tiene latido propio y acciones autónomas.

Después de las elecciones del 4 de junio hay algunas cosas claras.

Por un lado, el inmenso presupuesto de Rafael Moreno Valle, su guardadito de la gubernatura de Puebla y las relaciones que también tiene con la otra parte del poder político federal, es decir, con el PRI.

Y por el otro está la crisis del Edomex y de Ricardo Anaya, porque éste Anaya, el bueno, al que le pertenecía el mañana, ha perdido miles de votos, abriendo el espacio para que Moreno Valle con su libro, su dinero, sus músculos y sus campañas, todo asistido por su inmensa capacidad de liderazgo, pueda competir contra la estructura, el padrón y el manejo.

Los gobernadores panistas son como los priístas, cada uno se rasca con sus propias uñas. Y ahora harán la pantomima de analizar cómo apoyarán al partido, pero en realidad sacarán la cuenta para saber quién es el más conveniente para sus intereses.

Ha comenzado la noche de los cuchillos azules, y es que son pocas cosas las que están claras y además, después de la experiencia de Josefina -lo siento por Margarita- me parece que una mujer no tendrá muchas posibilidades para correr en nombre del partido azul.

Mientras tanto lo dicho, en el cuadrilátero priísta se libra un combate a nombre del PAN. En una esquina está Moreno Valle, el más cercano a la administración política de la gobernación del país, y en la otra, está Ricardo Anaya, tecnócrata puro como si fuera el Canciller o el secretario de Hacienda.

¿Quién ganará?