Algunos precandidatos presidenciales ya le tomaron la medida a la máxima autoridad de vigilancia electoral en México. Y se mofan de ella en sus narices

Todos los mexicanos lo vemos, pero por extrañas cosas de la vida, solo el Instituto Nacional Electoral no lo ve.

Algunos precandidatos presidenciales ya le tomaron la medida a la máxima autoridad de vigilancia electoral en México. Y se mofan de ella en sus narices.

Es el caso de las revistas que entrevistan a esos precandidatos y los editores de libros que les publican memorias o visiones personales a esos aspirantes presidenciales. Fake news, les diría Donald Trump.

En lo que están convertidas esas revistas y esos editores de libros es en fachadas para burlarse de la autoridad que prohíbe las precampañas y promocionar rostros fuera de los tiempos que marca la legislación electoral.

Para muestra ahí están los evidentes y burdos casos del exgobernador panista de Puebla, Rafael Moreno Valle y del gobernador dizque independiente, Jaime “El Bronco” Rodríguez.

Los dos personajes no ocultan que están en búsqueda de una candidatura presidencial. Eso es mas que evidente por sus giras de proselitismo nacional. Ambos aparecen como ajonjolís de todos los moles.

Pero para ganar la lucha de la imagen, para cumplir el dicho de que solo el santo que es visto es adorado, ambos compraron sendas promociones fake, es decir, falsas.

Apenas dejó la gubernatura de Puebla, Moreno Valle se inventó un libro autobiográfico bajo el título de “La Fuerza del Cambio”, bajo el sello editorial MAPorrúa.

Hasta aquí el exmandatario y aspirante a la candidatura presidencial del PAN para 2018 está en todo su derecho y se le aplaude que se esfuerce en que se conozcan su vida, ideales y sus pensamientos.

Donde la puerta tuerce el rabo es cuando la nación entera, mediantes imponentes campañas publicitarias en radio, televisión, medios impresos y redes sociales, se inundan de propaganda pagada sobre el libro del precandidato.

¿Cuántos libros se imprimieron? ¿Cuántos se vendieron? Si el precio es de 250 pesos y asumiendo una utilidad de 150 pesos por libro, ¿la ganancia da lo suficiente para montar cientos de espectaculares en las calles y carreteras de todo México e inundar los medios con anuncios invitando “a leerlo”?

¿Es el editor Miguel Ángel Porrúa un mecenas que invierte todas sus ganancias y muchísimo mas para crearle a Moreno Valle el halo de un moderno Gabriel García Márquez?

Pero también está el caso de “El Bronco”, quien desde su campaña denunció que su antecesor Rodrigo Medina derrochó en campañas de imagen en los medios, especialmente en las televisoras. Y prometió eliminar todo gasto publicitario personal.

Poco le duró el gusto al infame gobernador de Nuevo León, quien está ahora instalado en decenas de carteleras en el Distrito Federal, en una promoción que la revista ARegional -¿la conocen?- hace de portada que le dio al  mandatario independiente.

Y cuando un medios como Reforma y El Norte descubren que pagó 7 millones de pesos por esa “entrevista” de sus logros, lo único que se le ocurre al irreverente político de a caballo es relinchar contra el medio y sus propietarios, amenazándolos de que los va a fiscalizar.

Y mientras estas evidencias están plasmadas a la vista de todo México, solo el INE ni las ve, ni las sanciona.

O Lorenzo Córdoba está convertido en uno de esos changuitos que ni ve, ni oye, ni habla, o de plano el presidente del máximo organismo que regula los procesos electorales es cómplice silencioso, al no sancionar todos vemos y reprobamos.