Aquí en México los legisladores se comprometieron a que el 18 de julio arrancaría el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción que nuestro país exige a gritos

Los mexicanos estamos asfixiados, naufragando en un mar de corrupción e impunidad, pero a nuestra clase política eso le importa un comino.

Para muestra ahí está el aplazamiento, una y otra vez, de la aprobación del fiscal y de los magistrados que permitan poner en marcha el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción.

Vamos ya muy tarde a la fiesta de la fiscalización independiente. Pero eso no lo entienden nuestros legisladores que regatean, negocian y juegan al trueque político, en medio de la urgencia nacional.

En casi todos los países más o menos desarrollados, la procuración de justicia es entregada a manos independientes del Poder Ejecutivo y del Legislativo.

Acabamos de ver en Venezuela al dictador Nicolás Maduro desconocer a la fiscal –que incluso era de extracción chavista- porque al señor presidente no le gustó que le cuestionaran sus decisiones. La independencia le incomodó al repudiado presidente y cesó a la fiscal.

Aquí en México los legisladores se comprometieron a que el 18 de julio arrancaría el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción que nuestro país exige a gritos.

Pero la urgencia está atorada en un “canje de rehenes” y en intereses políticos partidistas muy particulares.

El “canje de rehenes” tiene que ver con las negociaciones entre el PRI y el PAN para influir en lo particular en dos figuras clave del entramado legal anticorrupción: el fiscal general, que relevará al Procurador de la República, y el fiscal anticorrupción.

Los priistas buscan que el fiscal general sea de su establo. Temen que la llegada de alguien sin intereses persiga sin piedad y ponga contra la pared al aparato político y burocrático nacional. Quieren jugarla a lo seguro. No en balde son el partido en el poder y de arranque serían los mas afectados.

Los panistas dicen que sí les aprueban al fiscal, siempre y cuando el fiscal anticorrupción sea inducido con el beneplácito blanquiazul. Yo te dejo poner el fiscal general, tu déjame poner el fiscal anticorrupción.

Y en ese trueque de favores, el Sistema Nacional Anticorrupción amenaza con degenerar en un ente inocuo, como ya lo vemos en otros organismos “independientes” que operan con el sistema de cuotas políticas. Yo pongo, tu pones.

Para colmo de males se atravesaron las disputadas y controvertidas elecciones en el Estado de México y en Coahuila, y la aprobación de la urgencia legislativa acabó secuestrada por el chantaje.

Y a las condiciones en suspenso, el PAN le suma una mas.  La de dar marcha atrás o al menos invalidar, las elecciones en Coahuila. Ese es el precio del rescate que el gobierno tiene que pagar para que se libere y se voten a los dos fiscales.

Pero como en la miseria política en la que vivimos nadie cede un ápice, que se joda el pueblo. Que sigan padeciendo los estropicios de la corrupción y de la impunidad, porque un puñado de caprichosos políticos anteponen sus muy particulares y caprichosos intereses a la urgencia nacional.

Por eso nuestro sistema político luce decrépito frente al resto del mundo. Porque como dicen en el rancho, todos quieren mamar y dar topes.

Porque mientras en Brasil por las corruptelas de la constructora Odebrecht tres presidentes están ya en el banquillo, en México somos incapaces de conocer todavía el nombre de quien recibió el soborno de 10.5 millones de dólares.

Y mientras más se aplace la designación de los fiscales, menos.