Hay poco esfuerzo por construir las policías que necesitamos, consideró el director del Observatorio Nacional Ciudadano.
Si el Nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio no está funcionando es porque el conjunto del aparato estatal simuló que estaba implementando un sistema que funcionaba y no sirve, aseveró el director del Observatorio Nacional Ciudadano, Francisco Rivas.

Expuso que los funcionarios de los tres niveles de gobierno tuvieron ocho años para hacer los ajustes necesarios y, hasta hoy, que se cumple un año de su implementación, se dan cuenta de que las cosas no funcionan.

En entrevista, mencionó que las debilidades en la implementación de este nuevo modelo de impartir justicia en el país puede ser parte de la respuesta al incremento de incidencia delictiva pero no la única causa.

“Creo que puede ser un factor, pero de ninguna manera es determinante”, planteó.

Agregó que el nuevo sistema es una gran aportación para la justicia mexicana. “En un país donde históricamente se han fabricado culpables, donde se han violados los derechos humanos de las personas procesadas, sean culpables o no de algún delito, en ese contexto un sistema que trata de defender los derechos de cada uno de nosotros es fundamental”.

El especialista manifestó que en estos momentos donde hay serias críticas al sistema, si hay que reformar algo, que se reforme.

Sin embargo, dijo que en todo caso, paralelamente necesitamos que se dejen de simular, se realizan esfuerzos para terminar con la delincuencia y sus manifestaciones y en realidad la inseguridad continúa.

Aumentó la incidendencia delictiva

El especialista señaló que en el mes de mayo pasado aumentaron los índices de delincuencia en el país. “Fue el mes con más homicidios desde que se tienen registros, es decir, desde 1997” si se observan las tasas de delitos y si se analizan los números en términos absolutos fue el mes con más homicidios. Refirió que la respuesta a ese fenómeno es multifactorial que se debe a un comportamiento de la incidencia delictiva que se sigue modificando, ramificando en el país, mientras hay una respuesta de la autoridad que es prácticamente la misma.

Tenemos un despliegue de cuerpos federales en el país que repiten las acciones que ya conocemos desde la última década y un ejercicio muy pobre de construcción o reconstrucción institucional de parte de las a autoridades locales para tratar de generar policías y procuradurías y ministerios públicos confiables.

“Si volteamos a ver lo que pasa en los estados vamos a ver que hay muy poco esfuerzo por construir esas policías que necesitamos”, añadió.

Rivas puso como ejemplo el caso de Tamaulipas cuyo anterior gobierno, el encabezado por Egidio­ Torre Cantú, debió entregar al cierre de su administración 3,000 policías debidamente capacitados y sólo preparó menos de 280, es decir, ni siquiera 10%, a pesar de que se gastaron los 3,000 millones de pesos que se destinaron para ese fin. Eso nos lleva a tener una deficiencia de los efectivos importante. Tan es así que el estado de fuerza de Tamaulipas es de 2,700 policías cuando debería tener 10,000.

Explicó que en ese contexto resulta bastante difícil pensar que localmente se va a lograr mejores policías y mejores condiciones de seguridad porque seguimos anclados a la urgencia de que la federación supla las deficiencias de los estados y los gobiernos estatales y no tenemos nuevas acciones.

Que nos presenten un rumbo claro acerca de cómo y hacia dónde vamos en materia de seguridad, demandó.

Recriminó que la autoridad anuncia reiteradamente que detienen a bandas pero nunca hacen extinciones de dominio de los inmuebles donde operan ni se hace un trabajo para impedir a los delincuentes “laven” el dinero que obtienen de sus actividades ilícitas y para financiarlas.

Se detienen bandas dedicadas al narcotráfico, trata de personas, secuestradores, pero el dinero nunca aparece. Insistió que un delincuente con dinero es una persona que puede seguir delinquiendo desde la cárcel e incluso puede pagar para poderse fugar de un penal sin ningún problema.

Dijo que otro factor que ha propiciado que no se tengan logros sustantivos es la persistencia de la corrupción a distintos niveles.

diego.badillo@eleconomista.mx