Más allá de los exabruptos y de las sorderas políticamente convenientes, hay que desarrollar la paciencia y además entender la clave de lo que significa -en mi opinión- vivir en el mundo de Donald Trump

Todo el mundo esperábamos lo mismo de la reunión entre Trump y Peña Nieto. Y es que, independientemente de que fuera por la mañana, por la tarde o por la noche, antes, durante o después de la cumbre del G-20; Trump lo volvería a hacer.

Pero más allá de los exabruptos y de las sorderas políticamente convenientes, hay que desarrollar la paciencia y además entender la clave de lo que significa -en mi opinión- vivir en el mundo de Donald Trump.

Y no es que todo le valga madre, sino que el magnate realmente tiene una visión tan antigua de la política que al final del día por no tener claro nada, ni siquiera sabe identificar lo que realmente le conviene.

Aunque para su gobierno, me refiero a Tillerson, Kelly, Mattis, Ross, entre otros miembros de su gabinete, está claro cuáles son las prioridades, las conveniencias y lo inevitable en la negociación con México.

No hay nadie en su gobierno que por ejemplo juegue en el TLC al todo o nada. No hay nadie en su gobierno que pretenda reforzar la seguridad y hacer cumplir sus leyes a costa de humillar, ofender y atacar a México en lugar de negociar con él.

Todo es una visión personal de Mr. Trump que a fin de cuentas es el presidente y el comandante en jefe de los Estados Unidos de América, pero ni está solo, ni lo que él piensa es lo único realmente importante.

El otro dilema está aquí en México. Porque dejando de lado lo de la sordera políticamente conveniente, y el hecho de que nuestro gobierno nos representa y significa la dignidad de todos, porque finalmente el gobierno mexicano hace lo que debe, que es reunirse con Trump aunque los que la pasen peor sean ellos; el problema es que dadas las circunstancias del fuego deberían evitarse las reuniones con él.

Es demencial tener por la mañana y por las tardes una relación constructiva con el gobierno estadounidense y después que todo se desbarate dialécticamente, ofendiendo y deteriorando el ambiente entre los dos países.

Y es que, en el vecino del norte hay un presidente primario que cada vez tiene menos apoyo de su población, pero que ha decidido hacerse el duro, el muy duro, y pedir cosas que incluso no le convienen a su país en sus relaciones con México.

Dejo de lado los juicios que merecen las actitudes de los que tienen la responsabilidad de llevar esta relación imposible, porque como dije anteriormente, no es justo medir el resultado de la reunión sólo por los exabruptos de Trump, sino que eso se debe medir conforme a la negociación de los dos gobiernos.