Lo que Junco haga de su dinero es su asunto muy personal. Lo que “El Bronco” haga de nuestros impuestos sí es público

Jaime “El Bronco” Rodríguez perdió el piso. Cómo un moderno Calígula, el gobernador independiente de Nuevo León toma hoy sus decisiones con las vísceras.

Solo le falta instalar en el Congreso a su caballo Tornado para igualar las hazañas del demente emperador romano que designó Senador a su equino de nombre Incitatus.

Su más reciente desplante fue el de arder en cólera porque el  El Norte le cuestionó siete millones de pesos de gasto publicitario en el pago de una entrevista banal.

Lo hizo en una revista que con la Bronco-portada y millones de pesos del erario de Nuevo León, tapizó la Ciudad de México y Monterrey con vallas publicitarias.

Ingenuo Calígula pueblerino que piensa que los ciudadanos somos estúpidos y que no veríamos en esa promoción “espontánea” su salida en falso para destaparse como candidato presidencial rumbo al 2018.

Y en la cúspide de su ira, “El Bronco” arremetió, con argumentos falaces y carentes de sustento, contra el medio que lo cuestionó y su propietario, por tener la osadía de exhibirlo como falsario y mentiroso.

Porque eso de amenazar con fiscalizar a El Norte, solo lo puede hacer el SAT . Lo único que “El Bronco” puede exigirle al diario es el pago del impuesto estatal del 2 por ciento a la nómina. Es un analfabeta fiscal.

Y aquello de cuestionar la fortuna de Alejandro Junco, censurando que tenga propiedades, aviones, helicópteros o un yate, es un asunto de carácter privado.

En sus devaneos mentales, el Calígula de Galeana no alcanza a discernir que a él se le está cuestionando un gasto público. El pago de ese reportaje falso y el montaje de esas vallas sale de nuestros impuestos.

A diferencia del capital de Junco, que viene del ejercicio privado de una actividad mercantil en la que si se hacen las cosas bien se gana y si se hacen mal, se pierde. La ganancia o la pérdida va directa al bolsillo del dueño, no de los contribuyentes.

Lo que Junco haga de su dinero es su asunto muy personal. Lo que “El Bronco” haga de nuestros impuestos sí es público.

Si existe la sospecha de que las empresas del comunicador esconden ingresos o disfrazan egresos, no le compete al gobernador, sino a las autoridades hacendarias.

Pero lo más grave de los dichos del moderno Calígula es su visión de la libertad de expresión, definida ésta como “sana” si me elogian y “aberrante”  si me atacan.

Peor aún, atreverse cual emperador  a decir que no quiere ver al reportero de El Norte, que no le va a responder sus pregunta y que vaya a las conferencias con tapones en los oídos. ¿Se olvida que es un servidor público obligado a rendir cuentas?

La batalla de “El Bronco” contra Junco está perdida desde que exhibió  la ira por verse descubierto en su dispendio futurista.

A ver si Miguel Mancera, Graco Ramírez, Enrique Alfaro, Dante Delgado, y otros que luchan por el Frente Opositor, insisten en aliarse a un político callejero como Jaime.

Si lo hacen, estarán comprando las confrontaciones del Calígula. Los que tiene con Reforma y El Norte, Milenio y Multimedios, TvAzteca y Televisa. ¿Les conviene?