El calvario diario de los niños tutelados en la cárcel por el Estado mexicano

Con la luz de verano que cae sobre su pequeño cuerpo, Ximena, de apenas cinco años de edad, tiene que abandonar su juego en el patio del Centro Femenil de Readaptación Social (Cefereso) en Santa Martha Acatitla –ubicado en la Ciudad de México–, para regresar a la celda en donde su madre Rosa María cumple su condena desde hace siete años.

La pequeña Ximena es una más de los 80 niños que viven con sus madres presas en esta cárcel. Cifras oficiales señalan que ya son más de 600 menores de edad los que viven en reclusión con sus madres en 214 centros penitenciarios de todo país.

Desde su nacimiento, la niña ha sufrido el encierro junto con su madre Rosa María –condenada a 30 años de cárcel por homicidio–, pero este vínculo materno se romperá cuando Ximena cumpla los 5 años, 11 meses y 29 días (lo cual ocurrirá en abril de 2018), tiempo máximo permitido por la ley para que la pequeña viva en prisión.

Ximena y Rosa María
“Estos niños son presos de facto, porque hay bardas, alambres de púas, celadas, barrotes, una estrecha vigilancia de custodios, una directora o director del penal; autoridades por donde sea. Es el Estado quien está a su alrededor, no es el seno privado de una familia, una calle o un campamento. Y es ahí, bajo la tutela del Estado, cuando más se vulneran sus derechos”, dice Corina Giacomello, investigadora del Instituto Nacional de Ciencias Penales, que es responsable de la investigación en Ciencias Penales y de la Seguridad Pública.

Saskia Niño de Rivera, psicóloga por la Universidad Iberoamericana y presidenta fundadora de la organización Reinserta Un Mexicano A.C., comenta que en el sistema penitenciario nacional es “fallido, hay diversos ángulos que demuestran que está mal: mafias, autogobierno, hacinamiento, pésimas condiciones de vida y violación a los derechos humanos… Existen penales, en el norte del país, donde las autoridades tienen que negociar con el crimen organizado para poder dirigirlos”.

Crece la población infantil condenada a vivir entre rejas

El Informe Especial de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) sobre las condiciones de hijas e hijos de las mujeres privadas de la libertad en los centros de reclusión de la República mexicana revela que la población de niños que viven con sus madres presas aumentó en todo el país progresivamente, hasta alcanzar el 63% en cuatro años.

Santa Martha
El documento indica: “Persiste una serie de condiciones que dificultan una vida digna y segura, así como de situaciones que vulneran los derechos humanos de las hijas e hijos de las mujeres privadas de la libertad”.

La CNDH reportó que en 2012 había 377 niños viviendo con sus madres presas; en 2013, la cifra se elevó a 396; en 2014, pasó a 479; en 2015, disminuyó a 452. Pero en 2016 se incrementó considerablemente hasta los 618 niños registrados en los reclusorios.

Entre las observaciones urgentes se encuentran “insuficiencia de infraestructura que garantice una estancia digna; deficiencias en el servicio médico y en educación inicial y preescolar; deficiencias en la alimentación; inadecuada atención y clasificación”. Aunque se especifica que el penal de Santa Martha es el único que brinda atención educativa y cuenta con un espacio recreativo para los infantes, lo cual quiere decir que en las otras cárceles los niños padecen peores condiciones.

Luis Alberto Muñoz López, coautor del libro ‘Presos Invisibles. Hijos e hijas de mujeres en reclusión’, observa que las mujeres que tienen a sus vástagos en penales y no cuentan con recursos de subsistencia tienen menos posibilidades de recibir atenciones especializadas que requiera el niño: fórmulas lácteas, pañales, etcétera. Además, la cárcel reproduce y maximiza los estereotipos y cargas que tiene la mujer fuera de reclusión.

Santa Martha
Sin políticas públicas

La directora del Centro Federal de Readaptación Social en la Ciudad de México, Gloria María Hernández Gaona, arguye que “el sistema penitenciario tiene la responsabilidad de dar una atención integral, para ayudar a esa mujer a que la evolución de su embarazo sea lo óptimo, reciba atención médica, buena alimentación y el ambiente en el que viva sea el mejor posible”. Aunque esto solo se cumple sobre el papel.

Asimismo Hernández Gaona indica que hay dormitorios especiales para las madres que duermen con sus descendientes en el primer nivel de la cárcel [tres mujeres con sus respectivos hijos en un mismo espacio].

Respecto de la falta de medicamentos que refleja la CNDH en su informe, la funcionaria de penales justifica: “La Secretaría de Salud tiene un cuadro básico de medicamentos y busca apoyarlas con los que no están en el cuadro, pero algunas (medicinas) si los tienen que adquirir ellas. Son casos eventuales. En general, al niño y a la madre se les da todo. Todo es apegado a la normatividad”.

La CNDH contradice la versión de la autoridad de penales y sentencia: “Al ser la población de mujeres minoritaria, la infraestructura, la organización y el funcionamiento de los establecimientos de reclusión han girado en torno a las necesidades de los hombres, y por tanto no se observa el desarrollo de políticas públicas encaminadas a atender las necesidades de las mujeres y sus hijas e hijos”.

RT Español 

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