Sátrapas

“Por desgracia, somos una sociedad de contrastes, por una parte todo se universaliza y se fusiona, mientras cada vez más los actos de cinismo se incrementan” Manolo

Conspicuo lector en estás líneas que escribo, me refiero al encabezado de esta entrega, a la definición siguiente: Persona que lleva una vida fastuosa es un sátrapa que vive como rey.

Antes de entrar en materia, abro un preámbulo a mi repulsión que nuestro País estrena, a partir del pasado 15 de julio, la Fiscalía Nacional Anticorrupción, pero sin Fiscal.  Será una dependencia más del Gobierno Federal, tan inútil, como varias que existen. Y con funcionarios que cobrarán centenares de miles de pesos mensuales, y cantidad similar por gastos de representación. Similar a lo que cobran los consejeros del INE. Pero no servirá de nada. Por principios de cuenta, el Fiscal es el que se hará inmensamente rico. Llamará a los rateros, les notificará que se encontraron pruebas de que se robaron, por decir algo, 1300 millones de pesos. Y se los podrá comprobar. El bandido hará sus alegatos legaloides, que no le servirán de nada. Pero, el Fiscal le dirá que le entregue 200 millones para declarar que no hay delito que perseguir, por lo tanto, lo absolverá. Y así será con todos los clientes que reciba en sus oficinas. Como lo han hecho aquí, en Oaxaca el titular de la Auditoría Superior del Estado, cuyo titular el perredista Carlos Altamirano Toledo solventó irregularidades de diferentes dependencias durante la administración de Gabino Cue, siendo una nimiedad de 114 millones de pesos, más otras cifras no comprobadas con decenas de ex alcaldes y otros funcionarios, a quienes los ha invitado a que le den varios millones, para finalmente declarar que no hay nada que hacer. Que todo está bien. Las ratas, hombres y mujeres, están en todas las oficinas del Gobierno. Todos, dice la gente, son unos malandrines. Y ya ven.

Jean de La Bruyére, cuya muerte ya se cumplieron más de 300 años, en su libro los Caracteres, que aumentó y pulió durante toda su vida, es cualquier cosa menos una obra plácida o complaciente: encierra en una de las prosas francesas más perfectas y variadas del Gran Siglo u contenido vendaval de indignación contra la injusta ridiculez de la sociedad en la que vivía, considerando que el devenir de la sociedad ha causado la corrupción de costumbres en la que vive. Nuestra mala índole no proviene de una caída prístina, sino que vamos poco a poco cayendo, aunque cada vez más aceleradamente. Y no todo el mundo cae del mismo modo, ni siquiera forzoso que todos caigan: los artesanos honrados, los profesionales y comerciantes que cumplen con decoro su labor. El caso es tal que La Bruyére fue un excelente pintor de las apariencias. Porque ahí está precisamente el pecado en que nos movemos, el primado de la apariencia sobre la sustancia, pues son apariencias la riqueza y la pobreza, la virtud y el vicio, la grandeza y el mérito intelectual. La sociedad entera s nutre de apariencias, las persigue, las aplaude y se pavonea en perpetua representación: todo es espectáculo social, tal como trescientos años más tarde proclamará famosamente Guy Debord.

De tales reyes de la farsa encontramos está Samuel Gurrión, que vive del erario, del bluf, y aparente mundo rodeado de mujeres bellas, pero hasta ahí nada más, porque las usa de aparador por sus tendencias personales distintas, o el hijo de Romero Deschamps usando un Ferrari grotesco de color dorado, Coco Castillo con colección de obras de arte e inmuebles, Pepe Zorrilla quien desfalcó con 200 millones e pesos la remodelación del Auditorio Guelaguetza, dueño de un avión, casa en la Colonia Reforma con baños de Carrara, y otra en San Felipe del Agua, y el ex mandatario Cue, quien se hizo una entrevista a modo, y se echó más flores que las existentes en un panteón, con cinismo dice que hizo obras en Oaxaca y es “normal” lo critiquen, pero que el está tranquilo y la verdad, su rostro denota pánico, que lamentables seres cómplices de la misma degradación, que como muchos más, lejos de servir, se sirvieron para vivir como sátrapas.

Jugadas de la Vida.

La gente comenzó a usar platos en el siglo XV. Hasta entonces utilizaban rebanadas gruesas de pan que se comían al final.

Twitter: @ldojuanmanuel

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