Perdón Jennifer Atziri Barajas Chávez

Mis ojos son volcanes que liberan lágrimas tan ardientes como lava, ante tu asesinato, me siento avergonzada, no te conocí, pero disculpa a esta sociedad que lejos de llorarte, ahora recrimina a tu madre… perdón a ambas.

Abril tiene 28 años, cuando la conocí la primera impresión que me dio fue de una mujer con las emociones contenidas, llena de culpas, de auto reproches, después de que platicamos, de verla llorar, con sus manos entrelazadas, le hice saber que no era su culpa, que fue el crimen de un ser vil, sin escrúpulos, el que sin ningún sentimiento le arrancó a su pequeña; Abril, me abrazo muy fuerte, durante unos minutos unos días antes de que su pequeña Jenny le fuera arrebatada de la vida; esta es su historia.

Abril Carime Chávez Ortuño y José Luis Barajas Cruz; decidieron irse a vivir juntos; Abril creyó que la vida podía darle la oportunidad de ser feliz, además tenía todo para merecerlo, era joven, guapa, inteligente, y estaba completamente enamorada de José Luis, en diciembre de 2007 José Luis se va a vivir con ella a la casa materna, en Coacalco, Estado de México, así iniciaron una relación estable, aunque ambos eran jóvenes, Abril no tenía temor.

Ser madre no es una tarea sencilla, Abril recuerda lo mucho que disfrutó su embarazo, le cantaba, le platicaba muchas cosas, “le decía que yo la iba a cuidar mucho, que la iba a amar, era mi ilusión, fue muy especial para mí, lo que representaba esa bebé para mí era todo”, recuerda Abril, el 6 de octubre de 2009 finalmente llegó, “todo fue muy rápido, ahí estaba, era tan pequeña, inocente, por un momento me asuste al no saber si sería una buena madre, el mundo no es tan noble, sin embargo, con todo ese temor estaba feliz”.

En 2011 nació su segunda hija, durante ese tiempo la vida familiar la sobrellevaban, Abril trabajaba en una joyería, y José Luis era chofer de un taxi, justo a los seis meses de que su segunda hija nace, Abril se sale de trabajar para dedicarles mayor tiempo a sus pequeñas, “disfrutaba mucho estar con ellas, eran mis princesas, ambas me llenaban de alegría, mi vida era perfecta, como madre estaba plena, corría ya el 2013 cuando algo pasó con José Luis de repente empezó a dejar de llegar a la casa dos o tres días, sobre todo los fines de semana”, Abril comenzó a cuestionarle  si tenía otra relación a lo que él siempre le contestaba que no, después empezaron las quejas porque en donde estacionaba su auto, constantemente le robaban, el espejo, los rines; un día le hizo saber a Abril que se iba por esa situación, que ya estaba harto. “Y una mañana llegó con bolsas negras indicándome que le guardara sus cosas que se iba”.

Los primeros meses el padre de las dos niñas y ahora ex pareja de Abril, iba a verlas constantemente, “siempre me decía que no tenía dinero, pero cuando podía les compraba algunas cositas a las niñas, yo empecé a trabajar en el negocio de unos amigos, mis niñas estaban chiquitas y necesitaban, leche, pañales, estaban creciendo y lo poco que el daba no alcanzaba”.

La vida llevó a esta joven madre ahora soltera a salirse de la casa materna, “sentía que la carga era demasiada, las niñas, mis tíos tenían sus vidas, y yo tenía que sacar adelante a mis hijas, una señora de “confianza” me dijo que ella podía rentarme un cuarto para vivir ahí, y José Luis y yo estábamos por regresar para intentar continuar juntos, fue entonces que decidí irme de la casa de la familia de mi mamá”

Abril se fue a vivir a la Colonia Los Acuales en Coacalco, Estado de México, tenía trabajo con una señora con la que vendía antojitos de domingo a miércoles trabajaba ahí, el resto de la semana lo dedicaba a las niñas y aunque no alcanzaba era lo que había, pasaron los meses y cuando José Luis definitivamente no concreto su regreso y ante la falta de dinero entró a trabajar como mesera en un antro  viernes y sábado, “no era el mejor trabajo pero ganaba lo suficiente para sobrevivir, el papá de mis hijas se deslindó por completo de los gastos de manutención de las niñas”.
En el lugar donde vivían había vecinos como en todos lados Abril saludaba a quienes vivían ahí, en el antro donde trabajaba, también laboraba uno de sus vecinos “el Wicho”, Abril recuerda que lo saludaba, y tenían la relación de trabajo que asumía con el resto del personal, Luis Roberto Castellanos Toledo (el Wicho) , empezó a cortejarla, sin embargo, durante esos días él se puso violento, al intentar asfixiarla por lo que decidió no entablar ninguna relación sentimental con él,  “Me acuerdo que le pidieron el trabajo porque se drogaba y era muy violento a veces, conmigo solo esa ocasión, al alejarme no tenía problemas con él, cuando nos encontrábamos en la calle lo saludaba y hasta ahí, luego me enteré por la señora que me rentaba que lo habían metido a un anexo de rehabilitación, no supe más”.
El 25 de julio de 2015, fue un sábado diferente, familiares las habían invitado a una fiesta y Abril acudió con sus dos hijas, Jennifer de cinco años y Johana de cuatro, al ver que ya era tarde para ir a su trabajo sus familiares le dijeron que no se preocupara que se fuera a trabajar que ellos se encargaban de llevar a las niñas a su casa, confiada se dirigió a su centro de trabajo.
El sol comenzaba a vislumbrar ese 26 de julio de 2015, cuando Abril llegó al cuarto donde vivía con sus dos pequeñas, al entrar a la vivienda vio una sombra que estaba sobre su pequeña Jennifer, “No alcanzaba a ver bien, solo recuerdo que grite al asustarme, esa sombra era “El Wicho”, que al verme salió despavorido del lugar, empecé a hablarle a Jenny, Jennifer, de inmediato busque a mi otra hija a Johana, quien estaba dormida en su cama, volví mis pasos hacía donde estaba Jenny, cuando la vista se acostumbró a la obscuridad, vi la sangre, empecé a gritar, y tome a mi hija en los brazos, “Jennifer, qué te hicieron, ayúdenme, sentía que nadie me escuchaba”.

La policía llego tiempo después, los vecinos dieron aviso, en medio del dolor Abril recuerda, “llegaron, Policías Ministeriales, me detuvieron a mí porque cuando la cargue mi sudadera se llenó de sangre, además era una de las principales sospechosas, y lo hubiera entendido Frida, pero me trataron peor que  esos grandes criminales, me subieron a la patrulla, me empezaron a tomar fotos, y me cuestionaron por qué olía a alcohol, les dije que sí, porque trabajaba en un antro, ya en el Ministerio Público en Ecatepec, donde me trasladaron, un comandante entra a donde me tenían, me jala fuertemente el cabello y me da una cachetada, yo no entendía, acababa de ver a mi hija asesinada, a mi niña de 5 años, no entendía siquiera lo que había pasado, intentaron relacionarme sentimentalmente con el “Wicho”, me cansé de decirles que no, que solo era mi vecino y lo conocía como amistad, me tuvieron detenida desde la una de la tarde y me sacaron de ahí, después de todo esa violencia física, mental y psicológica”.
Abril tuvo después que someterse al escarnio de la sociedad, los medios locales dieron a conocer la noticia señalando que Abril tenía una relación con Luis Roberto, “Me canse de contestar los mensajes que escribían en las notas, que yo no tenía nada que ver con él, que yo no propicie que violará y asesinará a mi bebé, vecinos y familiares me hicieron sentir igual de culpable, bueno la culpa, tal vez si fue mi culpa, por confiada, por salir a trabajar de lo que fuera por sacar adelante a mis hijas, José Luis Barajas, el padre de mis niñas, después de que nos dejó sin importarle si comíamos o no, también me señaló como responsable, los señalamientos eran y estoy segura que siguen siendo de que todo esto fue mi culpa”.

¿Así te sientes, fue tu culpa?

“Frida, a veces me gana eso, me recrimino por qué me fui, por qué las dejes, de inmediato me contesto, sólo salí a trabajar, no salí pensando o deseando que mi hija padeciera esto, que me arrancaran a quien fue muy especial en mi vida, era mi luz, tengo todavía mi Johana, vivo con temor de hecho la niña me dice, ¿má y si regresa Wicho?, al principio no podía dormir, me regrese a vivir a la casa de mi familia, y aun así tengo miedo, hasta el momento no puedo dormir con la luz apagada; mi vida cambió, nadie jamás conocerá el dolor que tengo, solo yo sé lo que sentí, lo que se rompió cuando vía a mí niña, a quien acaba de salir del kínder, a quien creció dentro de mí, ahí estaba inerte, quien solo fue objeto de un hombre enfermo, que  quería saciar sus bajos instintos en mi bebé”.

El presunto responsable fue detenido ese mismo día cuando los investigadores encontraron en su casa el arma con la que degolló a la pequeña y su ropa ensangrentada, el 9 de agosto de 2015, fue vinculado a proceso la autoridad dio el plazo de tres meses para el cierre de la investigación, han pasado dos años y el sujeto sigue sin ser sentenciado.

Y otra vez tengo ante mí lo inevitable, la impotencia, la vergüenza, el cuestionamiento, ¿en qué nos hemos convertido?, ¿qué estamos haciendo como adultos?, deberíamos de entender y de tener como imperativa la necesidad de exigencia ante las autoridades, ya no más, ni una más, mis lágrimas caen como lava que me quema, derramando así la esperanza de poder hacernos entender que las culpables no son las víctimas.
El año pasado hice una recopilación de feminicidios infantiles, en ese entonces cuestioné por qué nos indignó tanto el feminicidio de otras pequeñas fuera del país, por qué en esos también deleznables casos no culpamos a la madre, y en México tenemos esa cultura hasta como sociedad de hacerlo. (https://fridaguerrera.blogspot.mx/2016/11/tu-feminicidio-duele-mas-que-el-mio.html )
Abril no es culpable, así como ninguna madre de que sus hijas hayan sido asesinadas, Abril, salió a trabajar como usted, como yo, que debemos una vez más plantearnos, tener la claridad de que nadie, estamos exentas.
agosto 2017

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@FridaGuerrera
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