África Mía: Tragedia humanitaria

Hay ocasiones en que, perdidos en nuestra propias tragedias cotidianas, perdemos la dimensión de otras que se viven en remotas –para nosotros- regiones del mundo. Esta semana Sthepen O’ Brien, Coordinador de la ONU para asuntos humanitarios, señaló la creciente expansión de las milicias y la violencia étnica en la República Centroafricana, advirtiendo sobre las evidentes señales de un genocidio en puerta; al respecto apuntó “La reciente escalada de violencia que ha incrementado las necesidades humanitarias, es una de las peores crisis en el mundo entero. La mitad de la población de la República Centroafricana necesita ayuda humanitaria para sobrevivir; los desplazados internos han aumentado un cuarenta por ciento sólo en 2017, llegando casi a 500 000. La misma cifra de refugiados. La protección de los civiles es uno de los mayores problemas, ya que las minorías sufren discriminación y ataques por su etnia y religión”; al mismo tiempo denunció que las “milicias” siguen “limpiando” aldeas y pueblos de personas que no son como ellos; los niños se encuentran sin protección, no hay comida y regiones enteras carecen de atención médica.
En el mismo contexto, Guadi Calvo, escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central; recién me compartió dos documentados análisis sobre lo que está ocurriendo en Yemen y Nigeria, titulados “Yemen, una pequeña guerra mundial” y “Nigeria. Boko Haram el fantasma impenitente”; de ellos me permito compartirles algunos párrafos que nos dan la dimensión de lo que está pasando en tiempo real en estos países de África.
“Desde marzo de 2015 Yemen, el país más pobre de la península arábiga, está pagando las consecuencias no deseadas de la Primavera Árabe, quienes la instrumentaron, Estados Unidos Francia y Reino Unido, tuvieron que sacrificar al antiguo dictador Ali Abdullah Saleh, con una excepcional pirueta gatopardista, dejando en su lugar a su vice Abd Rabbo Mansour, hoy exiliado en Arabia Saudita y responsable fundamental del martirio al que está siendo sometido el pueblo yemení. Desde que el rey de Arabia Saudita, Salman bin al-Saud, inicio la operación “Tormenta Decisiva” con el beneplácito de las potencias occidentales, Israel y una coalición internacional. La embestida wahabita contra Yemen, apuntaba a la derrota de la rebelión donde no sólo participa la comunidad chiita, casi un 47% de los 27 millones de yemeníes pertenecientes a la versión zaydi, que se diferencia del chiismo iraní, aunque de todas formas hay una fuerte ligazón política entre ambas comunidades. Junto a los chiíes, vastos sectores de sunitas pobres, marginados tanto por el gobierno de de Saleh como por el Hadi, luchan junto a los Houties. Riad, pretende la restauración del gobierno de Hadi, en la practica un obediente virrey de la casa Saud, que no sólo impediría la influencia de Irán, la potencia rival de Arabia Saudita en la región, sino que permitiría mantener lejos de sus ricos yacimientos del sur del reino saudita, a la influencia de Irán”.
“Desde la asunción de Trump, el Pentágono incremento las acciones militares; los ataques a los que está siendo sometido el pueblo yemení desde 2015, además de barrer con toda la infraestructura sanitaria y civil, ha provocado un número de muertos desconocido, que los más optimistas ubican en diez mil, aunque la cifra es desproporcionada si se piensa que la aviación saudita ha atacado en estos más de dos años infinidad de poblaciones civiles de forma constante. Los bombardeos que han destruido caminos y depósitos de agua han generado además de una hambruna que pone en riesgo al 80% de la población, desatado enfermedades que están matando más que las bombas. Según la OMS, la población necesita de manera urgente asistencia alimentaria y sanitaria, mientras que la epidemia de cólera está afectando a 600 000 personas, una de cada 45.”.
En cuanto a Nigeria, Guadi Calvo apunta “A casi un año de que el grupo integrista nigeriano Boko Haram, el más letal del continente, solo comparable al Daesh global, no haya generado grandes hechos, reapareció el último martes 25 en el distrito de Yesu Magumeri, en el estado de Borno, en el noreste del país, emboscando a un grupo de exploración petrolera de la Nigerian National Petroleum Corporation, geólogos de la Universidad de Maiduguri y una patrulla de la Joint Tsk Force, que dejo 69 muertos, 11 de ellos calcinados en uno de los vehículos que cayó en una zanja, además hay que consignar una docena de desparecidos y al menos tres personas secuestradas. La industria petrolera nigeriana desde 1956, no es solo la primera de sus fuentes de divisas, sino que prácticamente la única. La mayoría de sus campos petroleros se concentra en el sur del país, específicamente en el Delta del Río Niger, donde 2003 operan una importante cantidad de grupos armados, que pretenden conseguir beneficios, por lo que la petrolera estatal NNPC ha iniciado tareas de prospección desde el estado de Benue, en el centro del país hasta Borno en el noreste, lugar de nacimiento y santuario de Boko Haram.”
“Las primeras patrullas del ejército en llegar al sector de la emboscada encontraron gran cantidad de armas que hablan claramente de la capacidad militar que aún posee Boko Haram; granadas propulsadas por cohetes, fusiles AK-47, un cañón antiaéreo, ametralladoras, cuatro cañones de Dane, cartuchos de municiones de la “OTAN” de 7.62 mm., un sistema de posicionamiento geográfico, municiones antiaéreas, medicamentos además de dos arcos y flechas. Cuando el gobierno del General Muhammadu Buhari, se comenzaba a jactar de estar reduciendo a escombros al grupo, los wahabitas liderados por el mesiánico Abubakar Shekau, golpearon en el sector clave de la maltrecha y corrupta economía nigeriana”.
Como se advertirá, los ejemplos citados retratan las múltiples crisis y tragedias cotidianas que el mundo enfrenta en distintas latitudes. La ambición de coaliciones internacionales ganadoras, emporios e intereses económicos, así como las reacciones a la desigualdad que se traducen en formación de grupos fundamentalistas, mafias, y organizaciones criminales paralelos a los Estados Nación, hacen que la gobernabilidad sea un tema fundamental de la agenda global.
En este contexto, así como el poeta recita que ningún hombre es una isla; ningún país es un caso único o fue creado en probeta; todas las guerras se parecen, todas las heridas tienen raíces similares ¿hasta qué punto la Guerra de Yemen, Siria, la República Centroafricana, Nigeria, provocadas en parte por intereses globales, son ajenas a la postura mexicana de perseguir draconianamente los plantios de droga –con la barbarie que genera- a petición de nuestro vecino del norte? ¿Qué tan distintos son Boko Haram y los huachicoleros mexicanos cuando ambos tienen como principal fuente de ingresos el robo a las empresas energéticas de sus respectivos países?.
Sin embargo, la única distinción oficial es que a diferencia de Yemen, Siria o Nigeria, México es un país sin un conflicto armado interno o una crisis de debilidad del Estado reconocida por la comunidad internacional o la ONU. Aunque a ratos nuestra barbarie democrática suene a una guerra, huele a guerra, lastime y erosione como guerra; oficialmente somos un país del G-20, miembro de la OCDE y una de las naciones con más turismo internacional en el mundo ¿Cuál guerra entonces?..
¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh