Peña Nieto reclama la unidad del PRI ante López Obrador y el frente opositor

El partido gobernante en México aprueba un cambio de estatutos que permite a un simpatizante ser candidato presidencial.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), hegemónico en el México del siglo XX y actualmente en el poder, busca la forma de abrir sus miras en la segunda década del siglo XXI. Lastrado por la perdida de poder federal durante el sexenio de Enrique Peña Nieto; la corrupción y la impunidad, el tricolor permitirá por primera vez que un simpatizante del partido pueda ser aspirante a la presidencia. El fin es lograr un candidato de consenso nacional para las elecciones de julio de 2018 –las miradas apuntan al secretario de Hacienda, José Antonio Meade- con el que hacer frente a Andrés Manuel López Obrador, líder en todas las encuestas y al amplio bloque que pergeñan el PAN y el PRD con un posible candidato independiente. Peña Nieto recalcó este sábado la necesidad de que el PRI evite las fisuras internas de cara a las presidenciales: “Unidad para ganar”, recalcó.

“Hoy la política y los partidos son cuestionados. Hemos asumido costos en el camino, pero es lo que nos da autoridad moral”, afirmó durante su discurso de cierre de la Asamblea Nacional del partido Peña Nieto, cuya popularidad es del 20% según las últimas encuestas. El presidente aprovechó su intervención para cargar contra López Obrador y la construcción de un frente opositor, sin citarlos expresamente. “Hay quien le apuesta al caudillismo y a la división de los mexicanos”, dijo sobre el primero; “el PRI defiende las causas de México mientras otros se dedican a defender sus posiciones antes que sus convicción”, aseguró en clara referencia a la alianza opositora, que se ha presentado como un frente anti-PRI.

Peña Nieto celebró el cambio de estatutos que permiten la posibilidad de que un simpatizante, y no necesariamente un militante, pueda optar a ser candidato a la presidencia. “Nos abre a la sociedad”, aseguró. El principal beneficiado de la decisión consensuada es el actual secretario de Hacienda, José Antonio Meade, uno de los presidenciables con más opciones. Meade, que no es militante del PRI, es el único miembro del Gabinete de Peña Nieto que ocupó un cargo, también el del titular de Hacienda, en el anterior Gobierno de Felipe Calderón, del derechista Partido Acción Nacional (PAN). Durante este sexenio ha sido también canciller y ha ocupado la cartera de Energía. Las simpatías que genera dentro del PRI y el PAN –el único partido, además del tricolor, que ha logrado gobernar México en el último siglo- y la buena marcha de la economía son sus principales bazas.

La ruptura de los candados para elegir al candidato presidencial ha sido la principal novedad de la asamblea más tensa que se recuerda en el partido, a menos de un año de unas elecciones trascendentales para el devenir del país. Pese a que en el seno del partido dan por descontado que las peleas internas continuarán, al menos hasta que se decida quién optará a suceder a Peña Nieto, previsiblemente a finales de este año, la dirigencia ha tratado de trasladar una sensación de unidad. De hecho, los llamamientos a evitar fricciones fueron constantes. “Hoy hemos desmentido a quienes creían que esta asamblea iba a generar desunión”, aseguró el presidente del PRI, Enrique Ochoa, en una larga, y por momentos enardecida intervención, previa a la de Peña Nieto. De hecho, el sentir entre algunos altos dirigentes del PRI tras la asamblea era que el discurso de Ochoa había solapado al de su jefe. “Mató la fiesta del presidente”, aseguraba uno de ellos.

La figura del presidente incomoda a una buena parte de las bases, y no solo, que lo ven más como un lastre que un apoyo para el futuro aspirante. En las últimas semanas habían pedido que la elección del aspirante presidencial se abra a una consulta interna, ya que temen que se consolide el tradicional ‘dedazo’ con el que el presidente ha impuesto siempre al candidato a sucederle. Más allá de quién se postule por el PRI, el partido tiene ante sí un reto mayúsculo: se enfrenta a la diatriba no ya solo de si puede seguir con un inquilino en Los Pinos, sino si puede gobernar sin poder federal. Durante este sexenio ha perdido cerca de cinco millones de votos y se ha quedado sin gobernaciones clave, como Veracruz o Nuevo León. Entre las grandes entidades, conserva Jalisco y la más poderosa, el Estado de México, gracias a las alianzas con otros partidos, ya que en seis años se dejó casi un millón de votos y fue Morena, el partido de López Obrador, la formación que más respaldo obtuvo el pasado junio. Este triunfo ha hecho calar en la dirigencia del PRI la sensación de que si consiguieron ganar con apenas el 30% y una oposición fragmentada, con las elecciones presidenciales podría ocurrir lo mismo.

Si algo ha dañado la imagen de Peña Nieto, vitoreado este sábado por cerca de 10.000 incondicionales, han sido los casos de corrupción que le han golpeado a él y a sus más cercanos, como Javier Duarte o Roberto Borge, a quienes en su día pontificó “el nuevo PRI”. “Ante casos individuales de militantes que se alejaron de nuestros principios [en referencia a los exgobernadores] hay quienes quieren denostar a nuestro partido”, criticó Peña Nieto, quien se mostró convencido de haber “actuado con firmeza y sin contemplaciones contra quienes han violado la ley”.

El presidente de México celebró la estabilidad económica que se ha logrado durante su Gobierno, “el sexenio del empleo”, como lo calificó en referencia a la creación de tres millones de empleos. El presidente destacó también “una mejora de la seguridad”. Sin embargo, los datos están en contra de esa afirmación, en tanto los últimos meses han sido los más violentos desde que llegó a Los Pinos.

El País

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