La corrupción no somos todos.

En octubre de 2007 la televisión nacional divulgó que conocido político en la maratón de Berlín había tomado un atajo que le permitió ahorrarse parte de la totalidad de los 42 kilómetros 195 metros y llegar a la meta fresco como una lechuga. Hoy las redes sociales nos alertan de corredores de la maratón de la Ciudad de México que fueron sorprendidos, al parecer, haciendo trampa: decenas de fotografías colgadas en la red permiten ver que personas con sus indumentarias y dorsales corren parte del extenso recorrido en la comodidad de los vagones del metro. 
Hace algunos días, las redes dieron cuenta de que un afamado centro jurídico de un jurista famoso, imparte maestrías sin tener el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios. El jurista famoso argumentó que el RVOE está en trámite pero lo cierto es que sin ese documento los estudios ahí impartidos no tendrán reconocimiento oficial. De saber esto, ningún alumno se inscribiría ahí.
Hacer trampa está de moda. O siempre ha estado de moda. Hacer trampa es la piedra angular de la corrupción y la corrupción anida por todas partes. La corrupción está en el socavón del Paso Express de Cuernavaca, en la contaminación del río Salado, en la inundación de Xoxo, en los partos atendidos en los patios de los centros de Salud, en la falta de medicinas en los hospitales, en la venta de concesiones y permisos, en el nepotismo y en la ineficiencia.
La cultura de la trampa se volvió cosa cotidiana. Y hemos incorporado a nuestro lenguaje el lenguaje de la corrupción:
“Te dicto el auto de libertad si te pones a mano”,
“Por esta vez me haré de la vista gorda porque eres cuate”
“Yo te ayudo con tu trámite si te pones la del Puebla”,
“Te autorizo siempre y cuando haya un mochecito”
“Nos van a dar la obra pero tenemos que entrarle con el diezmo”
“Omitimos la inspección a cambio de una manita”,
“Aquí vengo a dejarle un cariñito a cambio de su apoyo”,
“Yo te ayudo con tu tema pero de qué color son tus ojos”
“Ustedes se llevan todo y ¿no hay nada para Miguelito?”
“Los otros roban pero salpican”
“Hay que darle su chayote para que deje de pegarnos”
“Cáete con una sor juana”
“Si me saca mis copias le doy para los chescos”
Más antiguos son: “el que no transa no avanza” “ese gallo quiere su máiz”. O “nadie resiste un cañonazo de cincuenta mil pesos.” Hay que tomar en cuenta que esta última frase fue acuñada en el México Postrevolucionario por lo que ahora habría que indexarla de conformidad a la inflación y a la carestía de la vida.
A nivel macro los desfalcos de los gobernadores no han tenido igual. Sin el control del poder central, por lo menos 10 gobernadores están siendo investigados, pero no por los delitos graves que cometieron: realmente sólo se les investiga o juzga por delitos no graves o que no ameritan prisión preventiva oficiosa. Es decir, que podrían enfrentar el procedimiento en libertad u obtener penas de prisión sustituibles. Se tiene la percepción de que la persecución ha sido pactada.
A otros se les pretende someter a juicio político. Se olvida considerar que ningún político ha sido sometido a un juicio político. Para el caso de que alguno fuese sometido a este tipo de enjuiciamiento las sanciones serían irrisorias: la inhabilitación y la destitución son cosas de risa en comparación con el daño causado: “mucho ruido y pocas nueces”.
Algunos presidentes municipales no se quedan atrás: al finalizar sus mandatos se llevan consigo archivos municipales y bienes muebles. Las quejas recurrentes de los alcaldes entrantes es que no recibieron archivos y que no hay dineros ni bienes muebles para operar.
Ante la depredación, la ciudadanía no tiene ningún mecanismo para oponerse a los latrocinios. Cualquiera puede denunciar administrativamente a un servidor público pero no cualquiera puede probar la falta porque los resguardatarios de la información son los denunciados. Ante el desechamiento de la queja administrativa el ciudadano no tiene como defenderse: la SCJN ha establecido que el denunciante en materia administrativa “carece de interés jurídico para impugnar en amparo la resolución que la declara improcedente”. Es un candado que hay que derribar.
Necesitamos instrumentos jurídicos nuevos para construir ciudadanía: el juicio de pérdida de investidura contra los diputados faltistas o improductivos; las acciones de tutela (o amparo por servicios públicos) para eliminar el clientelismo político; y sobre todo un sistema estatal anticorrupción fuerte.
¿Que requiere el sistema estatal anticorrupción para cumplir el cometido? Recursos económicos y estar compuestos de servidores públicos excepcionales: conocedores, honestos y valientes: conocedores de la ley para investigar e instaurar con pulcritud un procedimiento administrativo; honestos para no ser tentados por los cantos metálicos de las sirenas y valientes para resistir los inevitables y fortísimos embates del poder.