Los periquitos, el medio de transporte que mantiene a Juchitán en movimiento tras el sismo

Los mototaxis fungen como el medio de traslado de autoridades, prensa y ayuda para que lleguen los víveres a los afectados en Juchitán.

Por cinco pesos, las llamadas “carruchas” o mototaxis brindan servicio de transporte en Juchitán, municipio devastado por el sismo de magnitud 8.2. Recorren la llanura istmeña con víveres, personas afectadas, lesionados, funcionarios públicos, mensajes y hasta mudanzas.

Después de la emergencia, estos vehículos circulan por las calles de este lugar, uno de los más afectados por el terremoto, donde sus conductores vienen y van, para llegar rápido con el servicio pagado: “Vecina le informa Don Jesús que la espera en el centro”, grita un joven conductor durante un viaje.

Vicente, de 23 años, quien es mototaxista desde hace tres, detalla que entre cada viaje pagado aprovecha para hacer mandados a sus familiares y vecinos “voy por pollo o tortillas lo que les hace falta para hacer de comer para todos”.

En un recorrido que realizan entre la zona centro y uno de los pocos hoteles que quedaron de pie y que funciona como sala de prensa, Vicente señala que después del sismo han tenido más trabajo de lo habitual, “hay mucho trabajo ahorita ha llegado mucha gente y las motos son lo más práctico”.

Sólo basta pararse en una esquina, dijo, para brindar el servicio, cuyos vehículos llegan antes que cualquier otro medio para el traslado. Durante el camino explican a los pasajeros cómo era la vida en Juchitán antes del sismo y a qué se dedicaban los comercios que hoy se encuentran derrumbados.

Los choferes de los “periquitos” también son víctimas del sismo; sus casas se encuentran derrumbadas, otros perdieron a amigos o familiares pero tienen que trabajar ante la necesidad de este transporte por la magnitud de la tragedia.

“Tenemos que trabajar por nuestras familias y exigimos también apoyo a las autoridades, algunos compañeros perdieron su moto y con ello su fuente de ingresos, es una situación triste y difícil”, considera Paulina.

Mientras escucha una estación de radio en zapoteco, Braulio de 30 años maneja su “moto-ratón”, lamenta que los líderes tengan cada vez más concesiones, “antes éramos dos mil quinientos pero ahora somos cerca de cinco mil, aunque si trabajas bien todavía sale”.

Señala que él trabaja desde las 8 de la mañana, regresa a casa a comer y continúa hasta las 7 de la noche “si eres el dueño te va mejor, pero si entregas cuenta al dueño tienes que trabajar más”.

Los juchitecos se transportan en estos automotores sin puertas, sólo con un tubo para sostenerse, en un transporte económico y que permite llegar a cualquier lugar entre el panteón, la penitenciaria y el río Los Perros.

Sus conductores han visto la devastación desde el primer día, así como el tortuoso andar de los afectados. “Todo está devastado, a dónde voy hay casas afectadas, en el centro están los militares pero tendrán mucho trabajo para llegar hasta las casas más alejadas de la comunidad”, afirma Santiago.