Entre el shock y el hambre

 

ASUNCIÓN IXTALTEPEC, Oax.- A cinco días del sismo de 8.2 grados, la desgracia no se va en este municipio ubicado entre Juchitán e Ixtepec.

Los dobles pisos se convirtieron en planta baja, las banquetas se partieron y las lágrimas siguen fluyendo.

“Estoy muy desesperada, no sé qué hacer para que vengan los apoyos. Ya pasaron muchos días. ¿En serio no pueden venir a apoyarnos?, tanta gente que viene de la Ciudad de México, que ocupa hoteles, ¿no puede apoyarnos?”, reclamó María Sonia Toledo Pérez.

La señora rescató tres cosas de su casa: una cacerola, una blusa y una cubeta.

“Nada me queda. Mi vida está ahí entre tabiques. Me siento sola. No hay nadie que venga a darme un apoyo, un aliento para superar esto”, dice entre el llanto.

Aquí se apoyan entre vecinos. Mientras, militares van y vienen, levantan escombros y se van, luego regresan y reparten cobijas, litros de agua en bolsa y cobijas en una zona de 29 grados en promedio.

“No nos vamos a ir hasta que todo esté limpio para su reconstrucción”, asegura un capitán del Ejército que trae a una tropa polvorosa, hambrienta y sedienta.

Hasta acá arribó la unidad canina de la Tercera Brigada de Policía Militar de San Miguel de los Jagüeyes.

“Cuerpos no hay. Es lo primero que tenemos que ver para comenzar a limpiar escombros; una vez que los caninos nos confirman que no hay decesos, se procede a la destrucción de inmueble. Son decenas, llevará meses”, pronosticó un coronel.

Diana Guerra, del IPN, arribó con un grupo de médicos y psicólogos para atender a los oaxaqueños.

“Están en shock, repiten las cosas. Es grave esta situación. La salud no se está atendiendo, todo se enfoca a reconstrucción y dar despensas, pero falta ver por las personas afectadas”, dijo.

Pese a la visita de funcionarios a los municipios vecinos, que están a cerca de 10 kilómetros de distancia cada uno, los pobladores de Ixtaltepec viven en medio de la confusión.

Por un lado, la gente desconoce el tema de los censos, y por el otro, buscan al responsable de la energía eléctrica y el abastecimiento de agua.

Armando Toledo, encargado del albergue, prepara comida con lo que puede. Carece de víveres.

“Hoy (ayer) hubo caldo de papa y atún enlatado. ¿Qué hacemos?, ¿quién me viene a ayudar?, ¿dónde están las cocinas comunitarias?”, reclamó.

Y un grupo de vecinas lo secundan.

“Nos piden las autoridades no regresar a las viviendas afectadas. Viene la gente acá, el Ejército nos ayuda con agua y lo que puede, pero entonces, ¿dónde está la misma autoridad para que me diga cómo darle de comer a estas personas?, ¿es imposible esto, o las despensas están atoradas en algún lado?”, reprochó Clara Reyes, una afectada.

Ayer la Policía Federal merodeó la zona, pero la ayuda, las despensas, se fueron a San Blas Atempa, una agencia de Juchitán.

El helicóptero M-I aterrizó en el parque de beisbol Luis Donaldo Colosio.

De las viviendas y albergues salieron mujeres y niños para acercarse a la aeronave que transportaba dos toneladas de despensas, cajas y bolsas con productos de la canasta básica.

El Comisionado Nacional de Seguridad, Renato Sales, y el Comisionado de la Policía Federal, Manelich Castilla, fueron rodeados por las mujeres que les narraron cómo sufrieron el sismo la noche del jueves 7 de septiembre y los daños en sus viviendas.

“Vi que venía el helicóptero de la Policía Federal y supe que traía ayuda para nosotros. Los necesitamos, no tenemos casa y estamos viviendo en el DIF de San Blas”, señaló una mujer de traje regional a los jefes federales.

Tras la entrega de esa ayuda, los mandos comieron arrachera en un restaurante de Juchitán y regresaron a la Ciudad de México. En tanto, los funcionarios de medio pelo saturaron los hoteles de la zona en espera de instrucciones.

Deja un comentario

Tu correo no será publicado.


*