“La gente se queda afuera en las calles, no tenemos dónde dormir en las noches”, dice Vicente Regalado a varios días del terremoto que sacudió Oaxaca.

Juchitán, Oaxaca.- Un campesino espera en una hamaca afuera de su casa, que dice “está nueva”, pero fue prácticamente partida por el sismo del 7 de septiembre. Adentro aún hay varias cosas, porque la casa no termina por caerse; afuera están ellos: toda la familia Regalado Valdipiesto.

“Hay que repararlo, si uno tira su casa y no hay apoyo del gobierno pues tenemos que esperar”, dice primero don Vicente Regalado.

Después recula: la ayuda “la estamos esperando. Si el gobierno no nos apoya, tenemos que construirlo nosotros, no hay de otra, porque no nos vamos a quedar así toda la vida”.

“No se va a quedar la familia toda la vida afuera”, anticipa el hombre.

Llevan días durmiendo en lo que antes era su patio. Al más pequeño le toca la casa de campaña para poder dormir; los demás, como puedan y hasta en la hamaca.

“Ya se siente uno cansado de tanto desvelar uno ahí cuidando en las noches, a veces acaba uno cansado, aunque sea alguien que nos eche la mano por acá con unas ayudas, una lona o algo para la familia pues. Toda esta colonia la gente se queda afuera en las calles, no tenemos dónde dormir en las noches, tenemos que estar en las calles, en los patios, que es lo que estamos haciendo ahorita”, confiesa don Vicente.

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A unos pasos de donde duerme Vicente, hay otra casa que no acaba de caerse. La cuida una mujer oaxaqueña que intenta decirme algo pero no le entiendo: habla zapoteco. Sólo veo la desesperación con la que aguarda en un catre al lado de un chivo. Y los ojos, apesadumbrados, con abultadas ojeras, indican que ha llorado demasiado y ha dormido muy poco.

Un amigo me traduce lo que dice la señora Amelia Vicente Aquino: “Dice que ella es una mujer ya sola, que le costó mucho trabajo construir su casa, que pues a pesar de que ella está enferma, logró una casita y estaba contenta, y nunca pensó que iba a suceder esto… entre la gente, levantaron una sombra para ella, provisional, ahí duerme la señora, y dice que no sabe qué hacer”.

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A una cuadra del techo improvisado y la casa semidestruida de Amelia, está otra que hizo el propio Miguel Ángel Sánchez, quien también, por cierto, le ayudó con la suya a la señora Vicente Aquino.

Lo primero que cayó con el sismo del 7 de septiembre fue la pared del baño. Después vino lo demás pero tampoco terminó por caerse todo.

-¿Y el gobierno qué les dice?
“Van a censar, pues… van a ver todavía si va a salir la ayuda”.

“De hecho no estamos seguros porque la casa se hizo de lado, ahora se colgó aquel lado”, señala el albañil. “Dormimos afuera… tiene uno miedo a quedar, llega a pasar otra vez ¿cómo vamos a salir? Toda la gente tiene miedo, mis hijos empiezan a llorar (cuando tiembla), quedaron con el susto, pues, quedaron con el susto de ese día”.

“Iba a conseguir una lona hoy para ponerla en el patio”, cuenta el padre de seis hijos. Pese a que la casa sufrió múltiples afectaciones sobre todo en las paredes, los hijos e hijas de Miguel Ángel, juegan como si nada hubiera sucedido. Eso sí: ya le tienen miedo a cualquier temblor.

Aristegui Noticias / Gustavo Sánchez