No obstante su juventud, su rostro externa cansancio, agobio, preocupación por la serie de tragedias que, sin duda, sufren Oaxaca y su gobernador. Así vimos ayer a Alejandro Murat Hinojosa, durante la imperiosa conferencia de Prensa que ofreció, luego del nuevo temblor que sacudió a Oaxaca, Puebla, Morelos y CDMX.

Los primeros informes sobre los daños y víctimas en el valle de Oaxaca y algunos pueblos de la Mixteca, obligaron al gobernador retornar del Istmo de Tehuantepec donde, por la mañana, iba a realizar otro recorrido con el presidente Peña Nieto. Regresó a la capital del país apremiado por las consecuencias de los dos temblores con intervalo de un minuto. El primero alcanzó fuerza de 7.1 grados y la siguiente réplica 6.8 grados.

EL OTRO TEMBLOR

El nuevo ramalazo cuando aún no se levanta la región del Istmo, era asunto toral para las preguntas a Alejandro Murat, pero se atravesó otro movimiento telúrico con alta dosis de política: el arresto de dos “peces gordos” de la banda de saqueadores de Gabino Cue, el gobernador más rapaz que se conozca en la historia de Oaxaca. La captura de Gerardo Cajiga Estrada y Enrique Arnaud Viñas, los dos secretarios de Finanzas que fungieron durante el “gabinato”, era pregunta obligada para el gobernador en esa conferencia de Prensa pero, respetuoso, solo dijo: “pregunten al Fiscal”. Ni un comentario más.

El arresto de estos dos pillos, señalados insistentemente por la sociedad oaxaqueña que reclama justicia, trascendió una hora después del temblor. Mis fuentes me dicen que es la culminación de arduas jornadas de trabajo, de recopilación de pruebas. Yo agregaría que también fue necesaria la decisión y voluntad política. Y, vaya, que se requiere.

En medio de la tragedia se entrelaza la solidaridad humana de Alejandro Murat y su valor como gobernante. Sabe que su tiempo lo reclaman hoy los damnificados pero no puede soslayar el clamor generalizado de justicia ante el más brutal de los saqueos que ha padecido Oaxaca. Hacerlo sería letal para su carrera política.

MORDIERON EL ANZUELO

Sobre la captura de la dupla, me comentan que fue acción bien concertada.

Alrededor de las 13 horas, agentes federales y de la AEI, capturaron en la ciudad de México, a Gerardo Cajiga Estrada. Con solo cinco minutos de diferencia, los policías arrestaron a Enrique Arnaud Viñas, en esta ciudad, en los momentos en que salía de su residencia por los rumbos de Viguera. Ambos fueron llevados al penal acusados por el delito de peculado. Lo curioso fue que 14 minutos después volvió a temblar.

La Fiscalía General, conjuntamente con la Fiscalía Anticorrupción, los acusa en la primera carpeta de investigación, por peculado. Este delito es uno de una serie de ilícitos más de los que se les inculpa, según me dicen, en otros expedientes. Aunque los indiciados por el delito de peculado, alcanzan el beneficio de la fianza para seguir su proceso en libertad, me dicen que en este caso no puede ser así. Es una barbaridad de dinero público que desviaron por lo que deben enfrentar señalamientos en otras carpetas de investigación.

De acuerdo a las primeras investigaciones, las Fiscalías y la Secretaría de Salud que fue la dependencia que se vio afectada en su patrimonio por los dos ex funcionarios hoy bajo proceso, lograron que el juez les obsequiara la orden de arresto al probar el delito de peculado por un monto aproximado de cien millones de pesos. Este dinero lo sacaron de la Secretaría de Finanzas simulando que era para la construcción de algunos centros de salud. En los hechos, las obras no se ejecutaron pero el dinero se les quedó.

Hasta el momento, son tres los secretarios de Gabino Cue, sujetos a proceso judicial. De acuerdo a declaraciones que ha hecho el primer detenido, Germán Tenorio Vasconcelos, y las pesquisas de la Fiscalía, esta dupla fraguó, principalmente, el desvío multimillonario de recursos que debieron ser utilizados para procurar la salud de los oaxaqueños más desvalidos.

YERROS

Dice El Imparcial, el mejor Diario de Oaxaca: Protección Civil, sin cabeza y sin recursos.

Triste realidad. La coordinación estatal de Protección Civil, institución que debería ser dirigida por expertos capaces de brindar ayuda a los oaxaqueños en casos de contingencia, ha devenido en un nido de grillos, más devastadores que un terremoto.

El entonces gobernador Ulises Ruiz, puso a administrar y hacer negocios en esta institución a su socio, Martín Vela Gil. Tal como sucedió hoy con Demetrio Bohórquez, Martín se dedicó a hacer carrera política. Utilizó el presupuesto para sus fines políticos.

Su irresponsabilidad al frente de Protección Civil, llegó a tal grado que el congreso del estado lo hizo comparecer para que explicara las causas de tantas fallas en el sistema de alarmas sísmicas.

Lo acusaron de desviar el dinero para el mantenimiento del sistema de alarma. En su administración fue más que evidente la ausencia de recursos y políticas de prevención de desastres. Todos sabemos del multimillonario presupuesto -más de 5 millones de pesos- para los programas de las alarmas y otras medidas, pero nadie sabe dónde fue invertido. Los mismos empleados de Vela Gil, comentaban que los utilizó para su campaña por la diputación.

Vela llegó al extremo de la burla al decir que la alarma sísmica “no sonó” porque fue “un temblor leve”. La realidad es que falló porque no le dieron mantenimiento. Aunque el Fondo para la Prevención de Desastres Naturales, solo en el 2006, entregó 12 millones 250 mil pesos para la afinación y calibración del sistema de alarma, no invirtieron. El 08 de febrero del mismo año, nos sacudió un sismo de 5.9 grados Richter. Ese día sí sonó, pero una vez que el temblor terminaba de cimbrar a Oaxaca.

En el 2010, Vela Gil, dejó el cargo sin poner en claro las causas de tantas fallas en el sistema de alarmas sísmicas.
Se fue Ulises y su protegido Vela dejó Protección Civil. Brincó al partido PANAL y hasta fue presidente municipal de Teotitlán de Flores Magón.
Después llegó Maza Sánchez y últimamente el señor Bohórquez cuya ineficacia causó su salida y hoy esta institución está acéfala y sin recursos, mientras los temblores destruyen.