El mundo contuvo el aliento en 1985. De México sólo se sabía lo que la curiosidad de muchos transmitía y lo que la propaganda oficial nos permitía saber.

Hoy 21 de septiembre del 2017, 48 horas después del último sismo y 32 años después del terremoto más devastador, seguimos sin saber cuántos mexicanos murieron realmente ese día.

En ese entonces como ahora el pueblo de México salió a las calles, se rompió los dedos, se lastimó las manos y dejó la piel sin preguntar dónde estaba el peligro, ni lo que iban a ganar por estar ahí, puesto que lo que ganarían era la condición de ser buenos seres humanos y mejores mexicanos.

El gobierno que había en aquel momento, el del presidente Miguel de la Madrid simplemente se paralizó y tardó tres días en reaccionar.

Muchos dicen que el presidente entró en shock, que no lo podía creer, y cuando quiso hacer algo el pueblo mexicano ya había salido a las calles y algunas instituciones como Televisa habían tomado el relevo de lo que debía hacer el gobierno.

Sin embargo, antier el gobierno de la Ciudad de México estuvo al frente trabajando, coordinando y actuando de manera ejemplar.

El presidente de la República que estaba a punto de aterrizar en Oaxaca dio la orden de regresar a la capital para estar cerca lo más pronto posible y hacer lo que fuera necesario.

Ningún gobierno nos salvará, los pueblos nos salvamos y nos hundimos solos, también cuando nos equivocamos tanto y con mucha frecuencia al darle la confianza a quien no se la merece.

Pero hay algo que es elemental y que debe hacernos pensar, porque tanto crimen, tanta sangre, tanto feminicidio, tanto robo, tanta impunidad, tanto insulto a la inteligencia y tanto que nos han quitado, no sólo el dinero, sino las oportunidades y también la ilusión y la capacidad de creer; no han sido suficientes para que dejemos de ser el mejor pueblo.

La lección sigue, el dolor sigue, todo lo que se ha destruido sigue, pero a cambio  -y esto no es ningún consuelo para los que lo han perdido todo- el balance moral de ser personas generosas, entregadas y solidarias es algo que se ha incrementado mucho en varios puntos del país.

Y es que, ni los 32 años transcurridos, ni el cambio de gobierno, ni el Internet, ni las redes sociales han podido romper con el espíritu de entrega, la bondad y el amor que el pueblo de México tiene por sus semejantes.

Qué gran pueblo, ojalá tuviera mejores gobernantes.

 

Reporte Índigo