Voluntarios acuden a albergues para leer cuentos y jugar con niños damnificados por el sismo; dicen que es una forma de ayudar a los más pequeños

—¿Verdad que todo esto es una pesadilla?— es la pregunta que les estruja el corazón a Claudia, voluntaria que ha pasado los últimos dos días jugando con los niños que solían vivir en el ahora derrumbado edificio multifamiliar en Tlalpan.

—No, no lo es Carlitos, quisiera decirte que sí, pero no lo es—, le responde sin quitar la mirada del piso. No puede verlo a los ojos, no puede decirle que las cosas tardarán un poco en volver a ser lo que eran y en ese silencio de titubeo, el pequeño de ocho años la ataja: —entonces, si no es una pesadilla… no dejes de jugar conmigo—.

Claudia no es la única voluntaria que ha entregado su trabajo a estos niños que lo perdieron todo.

El pasado 19 de septiembre, un sismo de 7.1 de magnitud provocó el derrumbe de un edificio multifamiliar en la Calzada de Tlalpan, en la colonia Educación. Tras este hecho, Gerardo Bautista no dudó en poner su granito de arena para animar a los pequeños afectados.

“Para mí es importante estar con los chiquitos porque quiero mostrarles mediante el juego un lado más amable de la vida incluso en las peores situaciones”.

El estudiante de pedagogía de la UNAM no deja de sorprenderse de toda la gente que lo busca tras una publicación en Facebook.

“Convoqué por mis redes sociales a toda la banda que quisiera venir con los morrillos; no me imaginé que me responderían tantos”.

Cuando los voluntarios llegan cargados de su material, Gerardo es quien empieza a poner orden: “Chavos, las pinturas aquí, los peluches a la izquierda, los juegos de mesa al centro y los cuentos a la derecha”.

“Ustedes dos vayan a pedirle permiso a los papás para que puedan venir los niños, mientras otros pueden empezar a jugar para que vean de que se trata y algunos pueden comenzar la lectura de cuentos”.

A pesar de estar a la intemperie y a unos metros de la zona de rescate, Gerardo y los demás voluntarios se han acoplado al ambiente.

“A veces uno cree que los niños no saben lo que pasa, pero en este caso se equivocan. Hay ocasiones que los pequeños nos dicen “shh” cuando ven a los adultos con el puño en alto (señal de silencio) o luego gritan al escuchar aplausos. Yo veía que hasta se les enchinaba la piel. Es cierto, tal vez no entienden al cien por ciento que esos aplausos son porque han sacado a alguien con vida pero yo puedo asegurar que si saben que es algo bueno”.

Gerardo no se rinde; confiesa que Tlalpan no es el único lugar al que tiene agendado ir sino que ya está planeando irse a Morelos, Puebla y a otros puntos de la Ciudad de México, puntos afectados por el sismo.

“No voy a parar, jugar con niños es mi revolución, mi manera de ayudar y hacer algo”, comparte Gerardo antes de irse a buscar más niños que se unan a él, a Claudia, Victoria, Octavio, Itzia, Yahali y a los demás miembros de su grupo.

“Leer cuentos es darles amor con papel”

María, Inés, Pablo, Renata, Marina, Jorge, Karla, Enedina y otras cinco personas son voluntarios que fueron a convivir con los niños del Deportivo de la Delegación Benito Juárez.

Los voluntarios se reunieron en la calle Municipio Libre de la colonia Santa Cruz Atoyac, donde la mayoría de los damnificados provienen de la Colonia del Valle, Narvarte, Portales y Nápoles.

Alejandro, que convocó a los voluntarios, inició esta iniciativa porque no solo quiere contar “cosas bonitas” a los chavos para que se les olvide lo que pasa, sino que pretende hacer un proyecto a largo plazo en el que se pueda manejar el estado de shock de los chicos.

Una vez dentro del deportivo, Karla y Enedina comenzaron con las actividades. Las estudiantes de psicología y pedagogía respectivamente, se acercaron a los niños, preguntaron quién quería jugar. Nadie se negó.

“Jugaremos en el bosque mientras el lobo no está aquí porque si el lobo aparece…a todos nos comerá ¿lobo estás ahí?” es lo que jugaron las jóvenes estudiantes con cinco niños… bueno cuatro niños y un “lobo”.

Inés Recamier, escritora de cuentos infantiles detalló que el motivo de su visita como voluntaria fue simplemente hacer algo. “Yo vengo porque es lo que puedo hacer, vengo a leerles cuentos, a darles amor con papel, con un párrafo, pero puedo decir que mi mayor razón es que no quiero un país con chiquitos lastimados y para mí ésta es mi forma de erradicarlo”.

Reporte Indigo