A raíz del sismo del 7 de septiembre anterior no hay descanso para las personas que se solidarizan con los pueblos del Istmo de Tehuantepec, el cual destruyó muchos hogares. Aquí la sociedad civil reaccionó sin detenerse.

Profesores de la secundaria técnica número 33, reparten víveres y comida en Unión Hidalgo desde hace 14 días a gente que lo perdió todo.

La casa de Crimilda Marcelina López Gallegos, en Juchitán, se derrumbó y voluntarios le ayudan a recoger tabiques, mientras jóvenes llevan comidas y víveres a los damnificados.

Al apoyo se suman 30 cocinas comunitarias que impulsó el artista juchiteco Francisco Toledo.

Amas de casa, campesinos, migrantes, escritores, poetas, profesores, médicos, jóvenes, pescadores, arquitectos, llegaron en las primeras horas del terremoto. No se han ido, traen comida y ropa, y mostraron lo débil y desorganizadas que son las autoridades locales.

Aquí nunca pasó la presidenta municipal para darnos una palabra de aliento, y mucho menos nos dio una despensa, dijo Crimilda Marcelina, de 70 años, quien vivía en la séptima sección de Juchitán y actualmente pasa los días en la calle.

Rescatistas de Toluca, estado de México, y de la capital del país colaboraron en la limpieza una semana, pero ya se retiraron. Otros voluntarios llegaron, como la comunidad muxe y transexual.

Asimismo, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México capacitan a damnificados para construir chozas temporales en Ixtaltepec y Juchitán.

 

La Jornada