Cd. de México (24 septiembre 2017).- La muerte y la destrucción provocaron llanto. Pero también hubo lágrimas de emoción con los actos de generosidad y entrega que protagonizaron los miles de mujeres y hombres que corrieron a ayudar a otros. Cargaron piedras, donaron sangre, prepararon sándwiches, abrieron sus redes de WiFi, pedalearon como locos… Estos son algunos de ellos, apenas una pequeña muestra del verdadero milagro mexicano: el de la solidaridad.

Armando Aguilar Hirata
52 años
Empresario
Coordinó brigadas de apoyo, aportó equipo y personal para las labores de rescate.

¿Qué sientes cuando logran sacar a alguien de los escombros?
Es una emoción que te eriza la piel. Imagínate: es alguien que creía que no iba a volver a ver el sol y, de pronto, le abres un hueco entre los escombros y le dices “¿Estás bien? Vengo a ayudarte”. Cuando le das la mano y la sacas, ayudas a nacer a una persona.

¿A qué huele la tragedia?
Cuando estás ahí, huele a gente, a la gente que está trabajando, que no ha dormido, que está apoyando; huele a cosa bellas y terribles. Y te arden los ojos, arden mucho: por el polvo, por el sueño, la emoción.

¿Qué fue lo que más te sorprendió?
Cómo nos hemos preparado y la respuesta de la sociedad. Los millennials demostraron que no son egoístas, sino que son gente muy entregada.

¿Sentiste miedo?
Siempre. Si no sientes miedo, no lo hagas. No puedes ayudar en el rescate sin sentir miedo, porque es un sensor de peligro y ayuda a mantenerte alerta.

María Flor Espinosa
Empleada
48 años
Vecina del Colegio Enrique Rébsamen, apoyó a padres, damnificados y brigadistas.

¿En qué pensabas durante el temblor?
Lo viví en un cuarto piso. En ese momento cruza por tu mente: “Esto ya se cayó”. Te traspasa el corazón, el alma, imaginarte debajo de los escombros.

¿Qué te movió a ayudar a los demás?
Primero, que teníamos junto el desastre; y, por supuesto, el dolor de la gente. En un desastre uno no puede quedarse inmóvil. Sería inconcebible tener cerca la tragedia y no meter una mano.

¿Cómo despertaste al día siguiente?
En realidad no dormimos. Lo primero que pensé fue: “tenemos que ir a ver qué se necesita”. Nos faltaban manos, duplicarnos para seguir ayudando. La gente salía de sus casas, con ollas de café, con bolsas de pan. El pueblo de México es el que realmente rescata al país.

Alejandro Zertuche
48 años
Comerciante
Viajó desde Querétaro con herramientas, equipo y víveres para apoyar en las labores de rescate en La Condesa.

¿Cómo te marcó esta experiencia?
Se siente horrible sacar las cosas personales, íntimas, de quienes vivían en los edificios que se cayeron. Estás paleando cascajo y van saliendo planchas, calcetines, pasta de dientes, identificaciones, juguetes…

Ahí quedó su vida…
Cuando ves eso entiendes que esa gente, si se salvó, perdió todo y se quedó sólo con lo que llevaba puesto. Toda su vida, su patrimonio, lo estás sacando en cubetas entre desechos y tierra.

¿Te esperabas una respuesta así?
Eso te conmovía: ver a la gente ayudando. Por ejemplo, señoras ya mayores llevándote comida y agua en la madrugada. A mí me tocó ver más que bondad que rapiña, pero también entendí que no basta la solidaridad, tenemos que aprender a organizarnos. La buena voluntad no es suficiente, tenemos todos que prepararnos y tomar cursos.

¿Lloraste?
Había momentos en que tenías lágrimas en los ojos. Se te pone la piel de gallina de ver a tanta gente ayudando, sin esperar premios, ni nada. Son héroes sin medalla.

Vivian Wollenstein
Agente inmobiliaria
Participó en centros de acopio.

¿Qué fue lo peor después del sismo?
La impotencia que uno siente. Cuando tembló, sentí miedo al cien por ciento, pero sabía que tenía que salir y ayudar en la emergencia. Poner aunque fuera un granito de arena.

¿La solidaridad de la gente te da esperanzas?
Da ánimos, se aprecia y se valora. Pero me gustaría que los mexicanos fuéramos así siempre, no sólo en una emergencia.

Jesús Zapata

39 años
Comunicador
Formó parte de la brigada en el edificio de Torreón y Viaducto.

¿En qué te cambió esta experiencia?
Me cambió la visión de la pertenencia de las cosas materiales, de la vida y la muerte. Entiendes que debes enfocarte a las cosas importantes de la vida, porque la vida se te puede ir muy fácil.

¿Qué te llevó a eso?
Cuando estás ahí, frente a los escombros, al edificio aplastado y empiezas a sacar las pertenencias de quienes ahí vivían, te das cuenta de que lo perdieron todo. Y comprendes que te pudo pasar a ti.

¿Crees que la respuesta ciudadana fue buena?
Sí, pero al mismo tiempo sigue habiendo mucha apatía. Hay gente, empresas, que pretenden seguir como si nada hubiera pasado. Y muchos creen que apoyar es estar en Facebook y Twitter.

¿A qué sabe la tragedia?
A desolación y solidaridad.

Mariana Vázquez Cruz

27 años
Médico general
Se sumó a las brigadas de la UNAM que acudieron a San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco.

Después de todo lo que te tocó ver, ¿en algún momento te quebraste?
Al llegar mi casa me solté a llorar. Sentía que debías hacer más cosas, pero no podías. En algún momento, me sentí como inútil porque hay demasiado que hacer. Y no sólo es sacar escombros, sino ir con los afectados, abrazar a alguien que perdió todo, escuchar a quien necesita desahogarse.

¿Cambió tu percepción de la Ciudad?
Sí, porque nunca había visto que tanta gente se uniera por una sola cosa. A veces somos muy egoístas, y me puedo incluir en eso, por lo que fue mayor el impacto y la emoción de sentirse solidario con el otro. Todos tuvimos la misma sensación de angustia y muerte y agonía, de saber que tú pudiste ser quien estuviera debajo de los escombros.

Israel González Rodríguez
17 años
Alumno de la Prepa 7
Llevaba a pie víveres y equipo en La Condesa y La Roma.

¿Con qué te quedas de esta experiencia?
Estábamos en la cadena humana cuando se derrumbó un edificio, todos comenzaron a correr. entendí que tenía que tener calma y seguir trabajando. Nunca había vivido algo así. Y, además, fue mi cumpleaños. Nunca lo voy a olvidar.

Miriam Godínez Bustos
33 años
Publirrelacionista
Se dedicó a transportar en su bici víveres, equipo y personas.

Después de todos los kilómetros que pedaleaste, ¿cómo pasaste la noche?
No podíamos dormir. Cerraba los ojos y sólo escuchaba la la alerta sísmica. Dormí unas cuatro horas y me desperté llorando. Lo primero que hice fue revisar Twitter, y ahí vi que no era una pesadilla, que era realidad.

¿Qué descubriste de ti?
Descubrí que a pesar del miedo tenía que moverme. Y que tenemos que aprender a ponernos a salvo. En el macrosimulacro lo hicimos bien y eso nos permitió saber cómo actuar. Pude llorar una vez que vi que mis compañeros y yo estábamos a salvo en la Cibeles.

¿En qué cambió la Ciudad?
Me siento fatal de no poder recordar que había en el edificio de Álvaro Obregón 282. Algo que cambió es que yo la llamaba “la ciudad monstruo”. Pero un monstruo es como algo indestructible. Hoy veo que es un lugar muy vulnerable. Es una ciudad fácil de romperse.

¿Cómo puede sanar?
Es muy importante la organización de la gente. Soy ciclista, voy y vengo todos los días en bici y normalmente no me dejan pasar, me echan el auto, pero ahora me dejan pasar, me apoyan, hasta me cuidan. Ven que llevamos cosas, apoyo, nos abren el paso. He sentido mucha camaradería y compañerismo.

¿Qué hacer para no perder el ánimo solidario?
Tener paciencia. La Ciudad va a tardar en recuperar el ritmo, la velocidad.

Miguel de la Vega Reforma