Por lo que lo vemos, lo creemos. Escuchar al presidente de una nación llamar a sus ciudadanos “hijos de puta” es denigrante.

Mas aún si identificamos a ese troglodita del lenguaje como el presidente de los Estados Unidos, quien supone ser el líder de la nación mas poderosa del planeta.

Lo cierto es que Donald Trump ya perdió la brújula. Quizás porque jamás la tuvo. Pero mas que su gobierno, está perdido en los abismos de su desbordado ego.

Nada le funciona, sus promesas de campaña están en el aire. Ni el Muro, ni el remplazo del Obamacare, ni las amenazas al TLC, ni el golpe final a los inmigrantes. Nada que presumir en 10 meses de un gobierno plagado de confrontaciones.

Uno a uno Trump pierde los escasos aliados serios que tenía. Su primer círculo, ya fue expulsado de la Casa Blanca. Los grandes empresarios ya le dieron la espalda renunciándole a sus consejerías.

Confrontado y sin salida frente a los demócratas y perdiendo a partidarios republicanos,  no tiene diálogo con su Congreso.

En el terreno internacional nadie lo toma en serio. Desde Angela Merkel Vladimir Putin,  Enrique Peña Nieto, Justin Trudeau o Emmanuel Macron. Cualquier líder tiene mas sentido de la diplomacia que el empresario con ánimo de democrático dictador.

Y el megalómano que se ahoga en su incapacidad para concretar una coherente política de Estado, acaba por escudarse en el insulto como instrumentos de lucha.

El “Gran Negociador” acabó por no serlo. Pocos toman ya en serio sus amenazas. Son la bravuconada del día que se expresa en 140 caracteres, lanzados desde Tweeter de su impotencia.

Solo existen dos cosas que Trump logró instalar en el ánimo de los norteamericanos.

Uno, la reinstauración de los conflictos raciales y la polarización de la sociedad como ejes de su muy fracasado gobierno.

En su visión de una extrema derecha privilegiada por un insensible capitalismo a ultranza, entre los blancos kukluxcanezcos sí existen “seres buenos”, mientras que entre los hombres y mujeres de color que se arrodilla para protestar la desgracia social, solo hay “hijos de puta”.

Lo mas preocupante del Síndrome Trump es que todos los ven, pero nadie hace algo para frenarlo.

Es el segundo logro es que todo el planeta está cierto de que en su megalómana ambición, Trump es capaz de abrir los códigos nucleares para asumir la gran conflagración como la única salida a su derrota.

Su delirante actitud frente a otro demente dictador, Kim Jun-Un, lo comprueba.

Es el “anciano demente” anunciando la aniquilación total, al “pequeño rocket man” que se declara en guerra, anunciando la detonación de una bomba de hidrógeno.

El mundo está en vilo por dos narcisistas que se sienten dioses. Y las mentes mas brillantes del planeta, solo alcanzan a implorar que ninguno se atreva a dar el paso final.

Temen que en el nuevo lenguaje de Trump, el America First (América Primero) acabe en America Fucked (América Jodida). Y quizás no están muy lejos.