El increíble sentimiento de ayudar e inmediatamente el sentimiento de traición genera una sensación agridulce. ¿Por qué hay un cúmulo de gente en México que espera la oportunidad de robar o tomar ventaja de alguna situación? Es esto lo que debe cambiar.

El pasado 19 de septiembre de 2017, tras el sismo que azotó la Ciudad de México, ofrecí de manera desinteresada maquinaria para ayudar en la búsqueda de personas atrapadas entre los escombros. Nuestra ayuda, creo, funcionó. Agilizó el proceso de búsqueda que en algunos casos reconfortó a personas llenas de incertidumbre esperando ver a sus familiares de nuevo con vida o bien, en el peor de los casos, recuperar su cuerpo. Las retroexcavadoras, plataformas de elevación y en su mayoría torres de iluminación, sirvieron en puntos como Puebla 282, Álvaro Obregón 286, Enrique Rébsamen 241, Medellín esquina con San Luis Potosí y Xochimilco, un lugar poco prioritario para las autoridades, donde llegamos a proveer de iluminación para la búsqueda de posibles sobrevivientes y los vecinos nos aplaudieron la llegada de la maquinaria.

Desafortunadamente, el martes 26, justo una semana después del sismo, al querer recolectar algunos equipos nos llevamos la sorpresa de que una torre de iluminación en Xochimilco había sido robada. Todo esto enfrente de las autoridades locales, federales y militares. ¿Es esto posible?

Me siento obligado ahora, tal y como me sentí para ayudar la noche del sismo, a decir públicamente, a contarle a mis compatriotas y compañeros de voluntariado, que al menos en una parte de la sociedad civil el cáncer sigue vivo. No me explico el robo de una máquina en una zona de desastre sin la complicidad de alguna autoridad, los que estuvieron ahí no me dejarán mentir, para entrar había que pasar dos o hasta tres filtros de seguridad. ¿Quién los dejo entrar? ¿Quién los dejo salir? ¿Quién carajos se la robó? Esas máquinas eran para ayudar, tal vez, a los mismos ladrones. (Carta resumida)

Emerson Baca López, director general de AMMEC Comercial SA de CV

R: No puedo decirle que su caso fue la excepción. Un vehículo que llevaba ayuda a Guerrero fue asaltado y una de sus ocupantes, violada. Y hay más.

La Jornada / Dinero / Enrique Galván Ochoa