Católico instruído, no será confundido

¿Acaso llegó la fecha del fin del Mundo?

¿Es un castigo de Dios?

Los fenómenos naturales que se han presentado recientemente en nuestro país, han ocasionado que un gran número de personas piensen que el fin de mundo está muy cerca; y aún más, creen que se trata de un castigo de Dios.

Ciertamente la Biblia habla del fin, pero no del Mundo, sino “de los tiempos”; y efectivamente dicho fin está 2000 años más cerca de la época en que Jesucristo nos los anunció. Pero debemos partir de una premisa: Quien te diga que conoce el día y la hora del fin de los tiempos, está mintiendo. Porque bien dice la Biblia: “Por lo que se refiere a ese día y cuándo vendrá, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles de Dios, ni aun el Hijo, sino solamente el Padre” (Mt. 24, 36, Mc. 13, 32). San Lucas insiste: “A ustedes no les toca saber cuándo o en qué fecha el Padre va a hacer las cosas que solamente Él tiene autoridad para hacer” (Hch. 1, 1-7).

Y para nada debemos creer que se trata de un castigo, pues “Dios es amor” (1Juan, 4, 8), no es un Dios castigador, ¿te imaginas que lo fuera?, habría acabado con la humanidad cuando los hombres crucificaron a Su Hijo, pero no fue así; por el contrario, justamente el Sacrificio de Cristo nos da clara muestra de que Nuestro Padre Celestial nos ama tanto que “nos dio a su Hijo Único para que quien crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna (Juan 3, 16)”, pues Dios es un Padre Misericordioso que “no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva” (Ezequiel 33, 11).

Dicen los expertos que los temblores son fenómenos comunes y además impredecibles, así que nada de creer eso que circula en redes sociales sobre un inminente terremoto de grandes magnitudes, pues eso no puede determinarse con tanta anticipación; ya ves que las alarmas sísmicas, en el mejor de los casos, se activan solamente unos segundos antes. Hay otros fenómenos, sin embargo, que ciertamente son consecuencia del cambio climático y es que, como alguna vez ha dicho la Dra. Pilar Calva, genetista y bioética católica, “Dios perdona siempre, el hombre perdona a veces, pero la naturaleza no perdona nunca”; y no porque la naturaleza sea mala, sino porque es perfecta, pues la creó Dios, por eso sigue la ley “causa-efecto”; y si el ser humano ha sido irresponsable con el cuidado de nuestra “Casa común”, como llama a nuestro planeta el Papa Francisco (en Laudato Si’), pues ahora vivimos las consecuencias.

Es común conmovernos con este tipo de fenómenos, pero debemos mantener la fe en Aquél a quien “hasta el viento y el mar le obedecen” (Marcos 4, 41). Si te das cuenta, este tipo de situaciones extremas, también sacan a flote los sentimientos extremos de muchos: Mientras hay héroes anónimos exponiendo su vida para rescatar a personas entre los escombros, mientras hay gente que casi no tiene nada económico y aún eso poco va a compartirlo con los damnificados, mientras habrá servidores públicos haciendo bien y discretamente su trabajo; por otra parte hay quien ha cometido robos entre los escombros, quien ha asaltado a quienes se dirigen a repartir ayuda humanitaria, quien ha querido sacar provecho político de la repartición de víveres o quien ha armado toda una “tragi-novela” para levantar su rating.

No sabemos, pues, ni el día, ni la hora; lo que sí sabemos es que, al final de los tiempos, cuando Cristo venga, lo hará como justo Juez, pero “en Dios, justicia es misericordia y misericordia es justicia”, como nos ha enseñado el Papa Francisco. Lo que el mismo Jesús nos pidió es estar preparados, porque este día vendrá como un ladrón en la noche (Mt. 24, 44); hagamos, pues, que nos encuentre en el extremo bueno, con aceite guardado para nuestras lámparas (Mt. 25, 1-13), practicando el doble mandamiento del amor (Mc. 12, 28-31); para que cuando Cristo venga nos diga: “vengan, benditos de mi Padre” (Mt. 25, 34). ¡Que así sea!

LUBIA ESPERANZA AMADOR.
lubia_ea@hotmail.com

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