¿Alguien nos puede explicar cómo es que Estados Unidos está obsesionado en desarmar a Corea del Norte, pero hace poco para desarmar a sus criminales ciudadanos?

La masacre del domingo por la noche en Las Vegas –la peor en la historia moderna- con un saldo de 58 muertos y más de 500 heridos, vuelve a exhibir la vulnerabilidad del sistema de valores norteamericanos.

La diferencia de que ese asesinato masivo se diera por un supuesto “lobo solitario” o por un extremista árabe, fuera un acto de la casualidad o del terrorismo, es mínima.

En cualquier caso estamos frente a dos fundamentalismos letales: uno, el de la libertad de portar armas y dos, el de entregar la propia vida en defensa de Alá.

Y regresa a la mesa de debates la facilidad con la que cualquier norteamericano pueda comprar no un arma, sino una decena de metralletas para su “autodefensa”.

Eso sin discusión es un arsenal con capacidad para causar un daño mayor, como el de ayer en Las Vegas.

¿Cómo pudo Stephen Paddock introducir al hotel Mandalay ese armamento y las miles de municiones necesarias para consumar su masacre? ¿Ninguna camarera se dio cuenta del armamento?

¿Cuál era la intención del llamado “lobo solitario” al ejecutar esta absurda masacre? ¿Un hombre enloquecido, o una pieza de un ajedrez mayor?, ¿De verdad se trata de un “lobo solitario” o podría estarse encubriendo alguna acción de mayor alcance?

Lo único cierto es que cada día las masacres en ese país que liberalizó el uso de las armas son más frecuentes y más mortales.

Y que la obcecación de influyentes radicales impide el replanteamiento del uso libre de las armas en una sociedad cada día mas beligerante. Comenzando por los odios que siembra el inquilino de la Casa Blanca.

Lo que sucedió en Las Vegas no se quedará en Las Vegas. Y son más las preguntas que les respuestas para obligar a devolver a la mesa de debates el legítimo derecho a portar armas “para la defensa personal”.

Un país cada vez mas  dividido, cultivando sus  odios desde su supremo liderazgo. Un gobierno que empodera a sus ciudadanos para que se armen hasta los dientes, que alienta un discurso global de condena al armamentismo.

Una nación con reiteradas masacres en escuelas, universidades, tractivos turísticos, que se niega a someter a revisión una enmienda que deja asomar cada vez más un rostro criminal a través quienes la abusan.

Si fuese comprobado que el de Las Vegas fue un “lobo solitario”, imaginen la mente enferma de un personaje que dispara miles de municiones sobre miles de inocentes, como si jugara uno de esos populares videojuegos violentos en su Wii o en su X-Box.

Que bueno que Trump busque disuadir a un dictador armamentista como el norcoreano. Pero viendo lo ocurrido vamos comenzando por desarticular lo de  casa.

Disuadir a una sociedad de que armarse sin límite nunca será el camino para la paz. No se puede practicar un discurso de condena al armamentismo internacional mientras  se aplaude el libre uso de las armas en casa.