Violeta

Este 4 de octubre de 2017 se cumple un centenario del natalicio de Violeta Parra, compositora chilena símbolo de la gratitud pero sobretodo de la generosidad latinoamericana. “Un canto de todos que es nuestro mismo canto” diría en su propias palabras.

Violeta nació el 4 de octubre de 1917, hija del profesor de música Nicanor Parra y de la campesina Clarisa Sandoval, su infancia transcurrió en el Sur de Chile, entre Lautaro, Chillán y Villa Alegre a un costado de Rio Ñuble, caracterizado por un clima frío húmedo que tiene la Cordillera de los Andes a sus espaldas y el pacífico a sus pies, escenario que hace de sus tardes un momento propicio para comer “sopaipillas”, aprender a tocar la guitarra a los 9 años y agradecer la existencia misma.

Una mujer hecha a sí misma desde la adversidad de la orfandad, la enfermedad y las tribulaciones económicas, estudió la Escuela Normal de Niñas, sin embargo, su fe y sus planes de Vida no sólo estaban en la educación sino en el canto mismo, lo que la hizo llevar su voz a restaurantes, posadas, circos, trenes, campos, pueblos, calles e incluso burdeles. Al final, cuando la vocación inspirada en la libertad se anteponen a nuestros propios miedos, el resultado es la trascendencia.

Prueba de ello, entre 1940 y 1950, después de una recopilación de las tradiciones musicales chilenas que van desde la cueca hasta el nuevo canto chileno conoció a los poetas Pablo Neruda y Pablo de Rokha quienes la influyeron para poder grabar sus primeros discos en 1952 y sobretodo para animarla a salir de su país y llevar su voz a Alemania y Francia donde grabó un disco titulado Una chilena en París hasta llegar a Finlandia, donde participó en el VIII Festival de la Juventud celebrado en Helsinki.

Una vertiente poco conocida de Violeta Parra es su trabajo en las artes plásticas especialmente en la cerámica y  la pintura al óleo que presentó en las dos primeras ediciones de la Feria Chilena de Artes Plásticas  entre 1959 y 1960 y ser la primera mujer latinoamericana en exponer  individualmente en el Museo de Louvre. Más aún su contribución académica desde la Universidad de Concepción, una de las mejores universidades chilenas, donde fomentó la creación de un Museo de Arte Popular y Folclórico, hoy, espacio que alberga el imponente mural de Jorge González Camarena titulado “Presencia de América Latina” que da cuenta de ella misma y de su voz.

Finalmente, en una de sus  canciones Violeta decía: “Yo reconozco, amo y venero el canto a lo humano y el canto a lo divino, desde el punto de vista del texto literario y del punto de vista musical. Basta con conocer un verso a lo divino para conocer el espíritu fino, sabio y delicado”. Violeta sin duda cantaba a la gratitud infinita. Una gratitud que ilumina nuestros pensamientos con la presencia de la paz tan urgente en nuestros tiempos. Gracias a la Vida por amarnos tanto y por la existencia de Violeta Parra.

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