Con peras y manzanas: las candidaturas independientes

Al momento de escribir estas palabras, hay 24 personas registradas para buscar una candidatura a la presidencia de México por la vía independiente. 24 más las que se sumen de aquí al sábado, pues el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) decidió extender el plazo de registro una semana más.

De esas 24 (y las que faltan) es posible que muy pocas lleguen al día de la elección. En un caso extremo, tal vez ninguna lo haga. Esto se debe a la cantidad de trabas que enfrentan quienes buscan la presidencia por esta vía. Ninguna más grande que la cantidad de firmas de apoyo para su candidatura: por ley, un independiente debe juntar un número equivalente en firmas al 1% del padrón electoral y lo debe hacer en cuatro meses y distribuido en al menos 17 estados.

Es decir, tiene que juntar 866,595 firmas y lo debe de hacer de aquí a febrero. Para dejarlo claro: necesita cerca de siete mil firmas diarias sólo para estar en la boleta.

Esto significa que un candidato en verdad independiente, que no tenga relación con ningún partido u organización política, tiene un camino imposible tan sólo para competir. Necesita armar una red a lo largo del país, y que esa red opere de tal manera que pueda ir recolectando las firmas y que éstas a su vez sean válidas: tienen que ir acompañadas de fotocopias de la credencial de elector del firmante y toda la información tiene que estar perfectamente capturada. Asimismo, si una persona ya firmó para apoyar el registro de alguien, no puede firmar para apoyar el registro de una distinta.

En el caso de candidaturas para diputados y senadores independientes, el tiempo juega todavía más en contra: los aspirantes a senador cuentan con 90 días para recabar firmas equivalentes al 2% del padrón del estado que quieren representar y los aspirantes a diputado con 60 para recabar firmas equivalentes al 2% del padrón del distrito que eligieron, repartidas en la mitad de las secciones electorales.

Lo que es lo mismo: los dados están cargados. Quizás por eso es que los únicos “independientes” que tienen posibilidad son exiliados de partidos políticos, militantes durante décadas que tienen cuadros y estructuras lo suficientemente sólidas como para si quiera poder llegar a la boleta.

En concreto son dos: Jaime “El Bronco” Rodríguez y Margarita Zavala.

“El Bronco”, actual gobernador de Nuevo León, se inventó como independiente hace menos de cinco años. Lo hizo cuando el PRI, partido en el que militó durante varias décadas, le negó la candidatura al gobierno del estado. Fue entonces que decidió lanzarse por su propia vía, pero lo hizo con el apoyo de muchos priistas y expriistas que habían colaborado con él durante mucho tiempo.

Pasada la elección, “El Bronco” dejó claro que estaba usando la gubernatura de Nuevo León como trampolín para la presidencia del país. Rápido dejó de hablar de arreglar los problemas de su estado y empezó a hablar de los problemas de México. Quizás por eso ha viajado tanto durante sus dos años de gobierno. No sólo a lo largo del país sino al extranjero. Y quizás por eso es que aparece promocionado en portadas de revistas nacionales, de las que tienen espectaculares regados por toda la república.

Foto: Jaime Rodriguez Bronco

En ese sentido, “El Bronco” tiene dos ventajas sobre la mayoría de los demás independientes. Tiene un cargo público importante y una red de colaboradores desde tiempos de antaño, más los que ha ido sumando desde que asumió el cargo.

Pero su estructura sigue siendo pequeña a comparación de la de Margarita Zavala. Ella no sólo fue panista hasta el viernes pasado –y durante más de treinta años–, sino que a su salida se lleva consigo a varios militantes que a su vez tienen grupos y operadores. Ninguno más importante que su esposo, Felipe Calderón, expresidente de México. Con todo ese séquito de gente que deje el partido –o que se quede, pero trabajando en favor de Zavala– es con lo que la exprimera dama puede aspirar a llegar a ser candidata.

En cambio, los demás no tienen oportunidad alguna. Tal vez el más famoso del resto sea Pedro Ferriz de Con, excomunicador de radio y televisión, de regreso en el candelero por el video surreal que ya hemos compartido en ocasiones anteriores por aquí, y que, por qué no, vale la pena volver a ver porque, pues, miren nada más.

Ferriz tiene como única herramienta su fama, pero jamás ha llevado a cabo algún tipo de organización masiva como la que se requiere para esto. Por ello es que es casi seguro decir que no conseguirá las firmas necesarias.

Luego está Armando “El Jaguar” Ríos Piter, actual senador independiente y previo militante del PRD y simpatizante del Partido Verde. Ríos Piter cuenta con una pequeña base acumulada a lo largo de su carrera política, pero sólo en una parte del país –es senador por Guerrero; antes fue diputado por el mismo estado, nunca ha tenido un cargo o posición que lo proyecte en el resto de México–. Para llegar a julio necesita de un proyecto que se difunda en el resto de México y lo haga en pocas semanas. Tarea que nadie puede hacer.

 

Y después vienen los absolutamente desconocidos. Está, por ejemplo, el General de Brigada en retiro Mauricio Ávila Medina (sí, un militar). También está Carlos Mimenza, un empresario de Quintana Roo, cuya principal propuesta es pena de muerte para todo político que cometa un acto de corrupción y a todos los pederastas. Y así la lista, más escabrosa conforme más avanza. Ninguno con las herramientas para una candidatura nacional.
Quizás la única excepción a este circo de 24 aspirantes –salvo que alguien más presente su candidatura esta semana– es María de Jesús “Marichuy” Patricio Martínez, sexta candidata mujer a la presidencia en la historia del país y primera mujer indígena en intentarlo. (Zavala será la séptima, porque al día de hoy no se ha registrado.)

“Marichuy” tiene apoyo del Congreso Nacional Indígena y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional; lo interesante, aparte de ser una candidatura indígena, es que la gente que integra su grupo ha dicho que la campaña no será tradicional, sino en contra del sistema mismo.

Pero, como mencionábamos líneas atrás, es muy difícil que ella, o alguno de los otros a la boleta. Tal vez “El Bronco”; sólo Zavala tiene posibilidades de inicio. Lo cual nos deja con algo muy claro: en México, para la presidencia, el camino “independiente” no existe. Sólo existe el camino sin partidos, pero nunca sin apoyo político de ellos o sus integrantes.

En México las candidaturas independientes verdaderamente exitosas corresponden a situaciones muy particulares, como Pedro Kumamoto en Jalisco, que se lanzó por un distrito con una población joven y con gran acceso a herramientas como redes sociales, que logran difundir mensajes de gran alcance con mínima inversión. Salvo Kumamoto, que ahora tiene un reto más grande –aspira al senado– y algún otro que encuentre las condiciones perfectas para su candidatura, los independientes seguirán sin existir en el verdadero sentido de la palabra. Lo que tendremos serán políticos sin partido, pero políticos al fin.

Sopitas / Por Esteban Illades

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