Y de pronto, entre lo que sucede afuera, esa luna negra que compite por su proyección universal a costa de lo que sea llamado Donald Trump, y sus decisiones que nos hacen temblar, morir y recordarnos que el corazón de México siempre ha estado en manos de los dioses; el presidente Peña Nieto decide empezar la selección final de aquel que podría ser su posible sucesor.

En menos de 15 días se van a producir una serie de cambios relevantes y eso en pocas palabras sucederá porque hay interpretaciones para todos los gustos.

Y es que, la tormenta interna por la que está atravesando el PAN como consecuencia de los problemas personales de su presidente, tuvo una reacción aún no cuantificada con la salida de Margarita Zavala y de otros.

No obstante, hay que reconocerle a Ricardo Anaya que tiene valor a la hora de enfrentar a los enemigos, tal vez porque sabe que en nuestro pueblo la capacidad del valor personal es muy apreciada.

Lo cierto es que el disparo de salida para el Presidente y su partido es la partida de Agustín Carstens del Banco de México. Puesto que no sólo le sustituirá alguien, sino que eso afectará en cadena al posible candidato de Hacienda, al director de Pemex y al director del IMSS.

Pero además hay otras razones y una de las más importantes es que si ese candidato está en el Gobierno no tenga que administrar las consecuencias a corto plazo de lo que podría significar otro temblor -yo creo que con menos consecuencias económicas, morales y emocionales para el pueblo de México-, me refiero, al posible fin del TLC.

Porque lo malo de que esté en el Gobierno es que no sólo tendrá que pagar el año de Hidalgo, sino todos los ajustes que tenemos por delante que no son necesariamente malos, ya que si continúan haciéndolo como hasta ahora, inclusive la reconstrucción de los post sismos podría ser una buena razón no sé si para recuperar la confianza, pero desde luego para no mirar a los gobernantes con tanto recelo.

Pero además hay que lanzar mensajes claros a los mercados y hay que ser conscientes de que el TLC no es un fenómeno aislado, sino que forma parte de un orden económico que Mr. Trump establece como lo está haciendo en el ámbito político y nuclear, donde ha decidido jugar con fuego en todo lo que decide.

Llegó la hora de elegir a un candidato, y no sé si serán cinco o más, tampoco sé si el Presidente ya tomó la decisión, pero lo que sí sé es que en política nada es lo que parece, sobre todo porque tanto en política como en la vida las cosas se conocen realmente después de varias horas de que hayan sucedido.

Hagan sus apuestas, porque esta carrera ahora sí ya comenzó.