En el terremoto del 85 todavía no existían los teléfonos celulares ni las redes sociales, el Internet sólo lo operaban las grandes universidades y apenas habían llegado a nuestro país una o dos computadoras personales del modelo Apple II Plus, de las que fabricaron en un garaje de su casa Steve Jobs y Steve Wozniak. La narración en vivo que hizo Jacobo Zabludovsky fue con un teléfono inalámbrico, de los de antenita, que ya no existen. En el temblor del martes, los mexicanos que han salido a las calles a auxiliar a los damnificados han tenido como principal aliado, no a las autoridades, sino a las redes sociales, el smartphone, la iPad y las computadoras personales. Han transmitido todo, momento a momento. Dejaron muy lejos a la televisión y la radio. No sólo han transmitido información entre ellos, sino que los capitalinos han podido comunicarse con familiares y amigos de la República, y también del extranjero. (¿Recuerdan los tiempos del obligado viaje a la oficina de telégrafos?). La gráfica muestra el explosivo crecimiento del Internet. Cambió al mundo y ha resultado una bendición en estos momentos tan dramáticos.

Evaluación de daños

El presidente de la Coparmex local, Jesús Padilla, hizo un llamado a especialistas en el ramo de la arquitectura, ingeniería y la construcción en general a apoyar en estos momentos de emergencia con evaluaciones a inmuebles afectados por el sismo registrado el martes pasado. Sería bueno que entre las evaluaciones fuera incluido el Metrobús L7, del cual es concesionario. ¿No se está creando una trampa en el tramo Paseo de la Reforma? El día del temblor vimos a millares de personas caminar desesperadamente para ponerse a salvo. Es cierto que los 10 mil anuncios que piensan poner ahí representan un gran negocio. Pero… siempre hay un pero.

La jornada / Dinero / Enrique Galván Ochoa