Católico instruido, no será confundido

“Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán”

(9 de noviembre)

Basílica significa “casa real o casa del rey”. La Basílica Papal de San Juan de Letrán fue el primer gran templo cristiano, después de las persecuciones. Originalmente fue un palacio que perteneció a los Lateranos, noble familia romana caída en desgracia bajo Nerón, por tanto pasó al dominio imperial; por ello, el emperador Constantino, primer gobernante romano que concedió libertad de culto a los cristianos, se lo regaló al Sumo Pontífice, posiblemente  en el periodo de San Melquiades (311-314); y el Papa San Silvestre lo convirtió en templo y lo consagró el 9 de noviembre del año 324. En su frontis puede leerse: “Madre y Cabeza de todas las iglesias de la Ciudad y del Mundo”; pues es la Catedral de la Diócesis de Roma, símbolo de la unidad de los cristianos con el ministerio del Papa y recuerdo de que todos estamos construidos sobre el mismo cimiento: Jesucristo.

Se le llama Basílica del Divino Salvador, en recuerdo a que en el año 787, cuando fue nuevamente consagrada, una imagen del Divino Salvador, al ser golpeada por un judío, derramó sangre. Se llama también Basílica de San Juan (de Letrán) porque tiene una capilla dedicada a San Juan Bautista y otra a San Juan Evangelista. Este complejo lateranense fue la sede del gobierno eclesiástico, hasta el tiempo en que la corte pontificia se mudó a Aviñón, en Francia; en Letrán se celebraron cinco Concilios, y en 1929 se celebró el tratado de paz entre el Vaticano y el gobierno de Italia (Tratado de Letrán). Cuando los Papas volvieron de Aviñón, se trasladaron a vivir al Vaticano; y ahora en Letrán vive el Vicario de Roma, es decir el Cardenal a quien el Sumo Pontífice le delega el gobierno de la Iglesia de esa ciudad.

Desde el Antiguo Testamento, Dios enseñó a su pueblo la importancia de los lugares santos consagrados a Él. En el Nuevo Testamento  Jesús respetaba y asistía al Templo; incluso de pequeño, siguiendo el rito judío, fue presentado a su Padre en el Templo, como también presentaron de niña a la Santísima Virgen María. Ciertamente el primer templo es el corazón del hombre que ha acogido la Palabra de Dios: “vendremos a él, y haremos morada en él” (Juan 14, 23); incluso, San Pablo cuestiona: “¿No saben que son santuarios de Dios?” (1 Corintios 3, 16); y  San Agustín nos exhortaba a “conservar nuestra alma bella y limpia, como le agrada a Dios que sean sus templos santos; así vivirá contento el Espíritu Santo en nuestra alma”. Ahora bien, esto no contradice la importancia del templo material, es decir, esa construcción hecha de piedra, donde el pueblo de Dios, que es la Iglesia, se congrega para rendirle culto; más aún, porque en cada templo católico está Cristo verdaderamente presente en el Tabernáculo. El Papa Francisco nos recalca que “el templo es un lugar donde la comunidad va a rezar, a alabar al Señor, a darle gracias, pero sobre todo a adorar: en el templo se adora al Señor”.

Como dice la oración colecta de esta Fiesta: Señor Dios, que te has dignado llamar esposa a tu Iglesia, concede que el pueblo consagrado a tu nombre te respete, te amé, te siga, y, guiado por ti, alcance el cielo que le tienes prometido. ¡Que así sea!

LUBIA ESPERANZA AMADOR.

lubia_ea@hotmail.com

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