Católico instruido, no será confundido

“No amemos de palabra, sino con obras” (Papa Francisco)

    Este 19 de noviembre de 2017, el penúltimo domingo del Año Litúrgico, celebramos la primera “Jornada Mundial de los Pobres”, un gran anhelo del Papa Francisco que expresó al concluir el Año de la Misericordia y que convocó a través de su Carta Apostólica “Misericordia et misera”; deseoso de que esta Jornada nos prepare para vivir la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, quien se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia; “será una Jornada que ayudará a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y sobre el hecho que, mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa, no podrá haber justicia ni paz social”, asegura el Papa.

    En su mensaje con este motivo, indica que, junto con las otras Jornadas mundiales establecidas por sus predecesores, esta aporta un elemento delicadamente evangélico. Nos recuerda que ya desde sus inicios la comunidad cristiana se presentó con el signo de asistencia a los pobres, por eso San Pedro pidió que eligieran a siete hombres “llenos de espíritu y de sabiduría” (Hch. 6,3), pues los pobres fueron proclamados por el Maestro “bienaventurados y herederos del Reino de los cielos” (Mt 5,3); grandes santos han sido testimonio de caridad, como San Francisco de Asís.

    Esta invitación del Papa está dirigida a todos, independientemente de la confesión religiosa, para que nos dispongamos a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Hoy el Papa está compartiendo el almuerzo con 1,500 necesitados, mientras otros 2,500 hermanos almorzarán en diferentes seminarios y colegios de Roma; y nos pide que también nosotros este día sentemos a la mesa, como invitado de honor y maestro de vida, a un hermano pobre de nuestro barrio o colonia; poniendo en el centro de esta Jornada la Eucaristía dominical y la oración, sobre todo el Padre Nuestro, que es la oración de los pobres y de la hermandad; pero que no pensemos en los pobres sólo para hacer una buena obra una vez por semana y menos para tranquilizar la conciencia, sino que nos introduzcamos en un verdadero encuentro con ellos; recordando que son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial, y que su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza como camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (Mt 5,3; Lc 6,20).

    Quiere el Papa que esta Jornada constituya también una genuina forma de nueva evangelización, con la que se renueve el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia; que se estimule a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. ¿Qué te parece si este, que en nuestro país se denomina “el buen fin”, lo hacemos realmente bueno y atendemos el llamado del Papa y el de San Juan Evangelista?: “Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” (1 Jn 3,18). Pidámosle a María Santísima que nos enseñe y nos sostenga en el testimonio de actuar en favor de los pobres quienes, como dice el Papa, no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio. ¡Que así sea!.

LUBIA ESPERANZA AMADOR.

lubia_ea@hotmail.com

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