La acción de prevenir

SENDERO

No comparece todavía el responsable de los Servicios de Salud de Oaxaca, Celestino Alonso Álvarez, ante el pleno de la LXIII Legislatura del Estado. Su presencia es esperada con sumo interés debido a los problemas que tiene esta dependencia en el suministro de los insumos en los hospitales, centros de salud y clínicas rurales, así como en las relaciones laborales.
El funcionario explicará seguramente la causa de esta crisis que tanto afecta a la población que acude a los centros asistenciales. Los medios de comunicación han informado sobre las inconformidades y pugnas constantes que prevalece al interior por parte de los grupos sindicales, la cual parece no tener fin ni solución.
Sin embargo, lo que urge a la población es cómo esta dependencia va a afrontar las necesidades de salud que se incrementan cada día. Hay quejas constantes por todos lados, en el Bajo Mixe y en los Chimalapas, en la Mixteca y en la Costa. El motivo es el mismo: carencia de medicamentos para que haya un servicio óptimo, por lo menos es lo que pretextan los paristas.
Se habla de espacios cerrados al público porque no hay con qué atender a la población necesitada y se propicia el ocio, la inactividad del personal, los ausentismos que son justificados lógicamente por la representación sindical. ¿Qué hacer entonces?
No creo que esto tenga sin cuidado a las autoridades del estado y de salud, porque el asunto es serio y cada vez más complejo porque se dejó crecer y a estas alturas las cosas resultan más difíciles y costosas. Tantas enfermedades y dolencias que atender, las cuales no disminuyen sino al contrario aumentan porque no hay políticas públicas en materia de prevención consistentes.
He señalado en este espacio lo que dicen los propios médicos: los profesionales de la medicina y enfermería fueron preparados y siguen siendo formados en las universidades para curar enfermedades con cirugías, medicamentos y otros insumos, que proceden de la gran industria farmacéutica, un negocio rotundo.
Si hubiese una política de salud  sólida, diseñada con plena consciencia, orientada a la prevención y enseñanza para adquirir modelos de vida saludable, otro gallo nos cantaría. Revisemos cómo se alimentaban nuestros abuelos y vivían más sanos y más años.  Los problemas que tenemos en la actualidad deberían orientarnos a otras alternativas, como impulsar una verdadera cultura de prevención de enfermedades desde los hogares y nuestras familias. Padres y madres formados bajo esta óptica tendrían como consecuencia hijos sanos y felices. Cuestión también de educación.
De lo que comento en estas líneas ya hay mucha gente trabajando en esfuerzos conjuntos y aislados. Muchos padres de familia están poniendo ahora más atención que antes en la educación y nutrición  de sus hijos, que éstos tengan un desarrollo integral donde están considerados los aspectos físicos, mentales, emocionales y espirituales.
Nos preocupa que los mexicanos ocupemos el primer lugar en obesidad infantil a nivel mundial, al lado de los grandes males como la hipertensión, el cáncer y la diabetes, que arruina no solamente nuestra salud sino nuestros bolsillos.
Si en los Servicios de Salud hay conflictos internos con el personal y además no hay recursos económicos suficientes, qué podemos hacer más que poner orden en casa, aún lesionando fuertes intereses internos y externos, y dentro de las prioridades, las medidas de prevención de enfermedades deben encabezar la lista.
Sería ideal que los trabajadores de la educación fuesen llamados a participar oficialmente en un programa de desarrollo integral de sus alumnos, que con eso daríamos un gran paso junto con los padres de familia, pero esta posibilidad está aún muy lejana, aunque ya hay acompañamientos y acciones iniciales que van mejorando paulatinamente la situación en que se encuentran muchos niños y adolescentes.
La tarea de la prevención de enfermedades, como en otros aspectos de la vida humana, es fundamental. 

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