Encuestas tramposas

Aún no se tienen los candidatos definitivos, hay partidos o frentes que todavía están decidiendo si van o no y tampoco sabemos quién o quiénes la jugarán como independientes.

Ah, pero eso sí, ya aparecieron las primeras encuestas para pronosticar quién va adelante en las preferencias electorales y se perfila como el próximo presidente de México.

Las hay para todos los gustos y sabores. Libres, patrocinadas, profesionales, fakes apadrinadas o las que solo encuestan por Facebook, como si en las clases bajas, que son mayoría, todos fueran ciudadanos digitales y conectados.

Apenas fue predestapado José Antonio Meade para encabezar la fórmula priista y los acelerados se aprestaron a medirlo contra sus posibles rivales.

Su medición la hicieron contra Andrés Manuel López Obrador, quien tiene meses en abierta y exitosa campaña. Pero también contra Ricardo Anaya, quien todavía no es elegido candidato ni por el PAN ni por el Frente Ciudadano por México. ¿Entonces qué estamos midiendo? ¿Aire?

Cuidado con las encuestas. No caigamos en la encuestitis 2018. Ya no estamos en los tiempos en que la confiabilidad de un levantamiento de opinión pública tenía un margen de error de apenas más/menos 5 por ciento.

Las nuevas generaciones, los llamados millennials, se encargaron de modificar de raíz todos los fundamentos en los que descansaban las encuestas. Y no existe aún quien haya descifrado ese código.

Asómense a lo que se pronosticaba días antes de las elecciones en Estados Unidos, en los que la abrumadora mayoría de los encuestadores serios daban por ganadora anticipada a Hillary Clinton sobre Donald Trump.

O las encuestas que no anticiparon ni la victoria del Brexit, ni el rechazo al plan de paz de Colombia. Encuestas de opinión aplicadas en cuatro sucesos que su constante fue la flagrante falla en la predicción del resultado.

El único efecto que pueden dar en este momento las encuestas es el uso manipulable de sus resultados para fabricar escenarios políticos a la medida.

Que si López Obrador ya está de 10 a 14 puntos por encima de su más cercano rival, los morenistas ya se ven instalados en Los Pinos.

Que si en su primera salida Meade ya está a dos o tres puntos de Anaya, los priistas ya imaginan el brinco que dará en campaña.

Que si Anaya, quien todavía no es ni de unos ni de otros, es el que más cercano estaría de López Obrador, pues para qué discutimos, ya desígnenlo candidato del Frente Ciudadano por México.

Por eso lanzamos la voz de alerta. Porque en medio de la absurda guerra de encuestas que se avecinan, las lecturas podrían estar sesgadas, manipuladas o incluso falseadas.

Y en un sistema electoral poco confiable, los ciudadanos podrían acabar diciendo que a su candidato le robaron el voto en las urnas, a pesar de que las encuestas –las que les acomoden- decían que era el seguro e indiscutible ganador. Caldo para una revuelta.

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