La amnistía (parte II)

La piedra lanzada al agua por López Obrador tiene muchas interrogantes. Todos los saltos al vacío plantean interrogantes.

Qué más quisiera yo que vivir en un país donde el crimen estuviera organizado. No creo en la amnistía, como tampoco creo poder seguir viviendo con la confesión simple y llana de que como país hemos fracasado.

Mire, no es que los mexicanos seamos incompatibles con las leyes, lo que pasa es que nadie nos ha enseñado desde la cuna que es mejor cumplir las leyes, que hacerlas para no cumplirlas.

Desde ese punto de vista vivimos durante años asustados con el coco del México bronco. Y hoy ya vivimos en un México en el que en cualquier esquina y en cualquier semáforo nos pueden matar de un plomazo y nuestro asesino dispara con la tranquilidad de saber que no le pasará nada.

Dígame usted, con quién vamos a pactar el fin de la violencia si ya es un fenómeno viral en manos de nuestro pueblo.

¿Cuánta violencia generó “El Chapo”? ¿Cuánta violencia provocan los grandes capos? ¿Cuánta violencia generaron “Los Zetas”? Y dígame de verdad ¿a quién amnistiamos?

Porque realmente la amnistía la necesita el pueblo de México, usted, yo, los maestros y los gobernantes, por no haber sido capaces de inculcarle a nuestra sociedad el instinto de la supervivencia.

Y como preguntaba Liébano Sáenz en un tweet dirigido a López Obrador: “¿y qué hacemos con los muertos?” Ahora hago mía la pregunta, pero la hago extensiva no sólo para Andrés Manuel, sino para todo el Estado mexicano.

En ese sentido, no comparto los negros presagios de que éste país será peor con la Ley de Seguridad Interior. Me parece hipócrita y peligroso haber mandado a las Fuerzas Armadas con esa lealtad que les impuso Plutarco Elías Calles a base de hacer justicia interna sólo por obedecer a sus comandantes en jefe. Y ahora no sólo porque para nosotros sea muy normal la violencia, el país es más seguro.

Sin embargo, tampoco me parece prudente que se produzca la entrada de las fuerzas armadas en la política. Probablemente por eso en el fondo admiro y respeto cada día más al general Calles.

En este momento el fenómeno de la amnistía sólo ha evidenciado el primer y más importante problema que tiene México. Y es que, creímos que era la corrupción, ¡error! Creímos que era la impunidad, ¡error! Y ahora esta campaña electoral ha comenzado con una enorme estafa, porque en realidad la violencia es el primer y más determinante problema de este país.

No sé a quién quiere amnistiar Andrés Manuel, pero sí sé que es necesario que todos los amnistiados -usted, yo y las víctimas de hoy- necesitamos enfrentar nuestro principal problema: ¿quién nos protegerá de nosotros mismos?

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