Entre surcos y Mezcal

Hoy en día, nadie escapa de la influencia determinante que juegan las redes sociales en nuestra vida cotidiana. Permanecer indiferentes o al margen de ellas, implica un rezago de enorme dimensión ante su influyente trascendencia en el proceso evolutivo de la comunicación social.

En todo momento del día, se genera información que fluye de manera instantánea y exponencial en el ciberespacio. Por lo tanto, en cuanto el usuario receptor procesa el contenido, en la mayoría de las veces sin verificar previamente la veracidad del mismo; inmediatamente cede el paso a los juicios subjetivos de opinión y a una apresurada apreciación personal sobre el contexto social. Y una vez procesada esta secuencia cotidiana, inicia el flujo interminable de datos, opinión y percepción colectiva.

Una realidad incapaz de obviar, es que no todo lo que se asegura en las redes sociales es verídico. Pero ciertamente, ante los temas de interés general o de aquellos específicos que nos representan prioridad personal, cautivan nuestra atención. Siendo precisamente lo anterior, la gran piedra angular de expresión y debate; pináculo de coincidencias y agrestes controversias; fuente de empatía o presencia indiferente. Las redes sociales, durante los últimos años, representan ese sitio fantástico donde se funden y confunden el mundo virtual y el acontecer mundano de la vida profana. Manteniendo, a pesar de lo anterior, una dependencia indivisible entre la una y la otra.

Hoy, afortunadamente, contamos con una sociedad más informada y más participativa. Analítica y prudente; reflexiva y actuante. Hoy, resultaría imposible callar las voces que con legítimo derecho hacen uso de su libertad de expresión.
Los internautas, disponen de un escaparate universal con creciente incidencia en todos los ámbitos del acontecer diario. Aquí, siempre encontraremos puertas y ventanas abiertas para todos; esas mismas que, con mirada atenta, nos permitirán escudriñar a detalle cualquier tema de interés particular.

Oaxaca, en su complejidad orográfica, ideológica y social; ha encontrado en las redes sociales progresos significativos. En las zonas rurales y de más alta marginación, la comunicación pronta y directa con sus familiares migrantes adquiere un valor incuantificable. Y en las zonas urbanas, los beneficios son múltiples minuto a minuto; desde reportes viales, denuncias por negligencia o abusos de autoridad, hasta la solidaria colaboración ciudadana en casos de accidentes, secuestro o extravío de personas.

Una eficaz herramienta social con enorme influencia. Capaz de reorientar visiones y decisiones. Imprescindible para pulsar el sentir ciudadano sobre los resultados y las limitantes de sus servidores públicos.

En la actualidad, caminar entre la población y escuchar de viva voz el sentir real de los habitantes, debiera ser una práctica frecuente de todo buen gobernante. Ahora, prestar atención a los temas virales de las redes sociales, es una exigencia que ayuda a garantizar estabilidad política y pronta respuesta social; o caso contrario, permite exhibir ineptitud administrativa  e indiferencia gubernamental.  

 

La silla vacía. (A mi madre, con amor y gratitud eterna)

Continúan los preparativos decembrinos, cuál será el menú de la cena de fin de año y en qué lugar nos reuniremos. Y aparece la pregunta inevitable: ¿Cuántos somos este año?

Y en la respuesta, aparece “Las sillas vacías” de las personas que no están…

Las que están lejos y que la vida llevó por otro camino, la que eligió no estar porque se enemistó con alguien de la familia y la que Dios se llevó a su lado…

Y aparece la tristeza y las sillas vacías duelen…

Entonces, me doy cuenta que extraño esa sonrisa, esas conversaciones amenas, esa complicidad que teníamos, esa mano dispuesta a ayudarme siempre, esa compañía del amor más puro…

Los ojos se me llenan de lágrimas y duele mucho, muchísimo, pero esa es la realidad y hay que aceptarla aún con inmenso dolor.

Suspiro profundo y cierro mis ojos como queriendo que ese aire llegue hasta esa persona que me falta, abro mis ojos y giro la cabeza y lo que veo son las… “Sillas ocupadas”… son las personas que me aman y que yo amo… ¡Y entonces sonrío!

Así es la vida. Con pérdidas y ganancias…

Y así voy a brindar el 31 de Diciembre. Con lágrimas contenidas por esa “Silla vacía” y sonriendo desde el alma por las “Sillas ocupadas”.

Alegre, sí, alegre, a pesar de la tristeza, porque estar alegre no necesariamente es estar feliz. La alegría es una emoción pasajera que termina cuando el buen momento finaliza. La felicidad es otra cosa, es un estado del alma. Ser feliz, es estar en paz, pleno, sabiendo que estoy recorriendo el camino correcto, el que coincide con el sentido de mi vida, el de mis temores y mi coraje, mis virtudes y mis defectos, mi camino, el que yo elegí; un camino en el que hago todo lo posible y más…

Brindaré por los que no están y brindaré incondicionalmente por los que sí están, por los que amé y por los que amo. Y con lo que tengo, procuraré ser feliz.

Posiblemente tú también tengas “Sillas vacías” en tu mesa este año al igual que yo, pero a pesar de los ausentes y con la dicha de los presentes, te deseo un feliz y próspero año nuevo para ti y para toda tu amada familia. Que tus anhelos se hagan realidad y que llegue a ti lo que más haga feliz a tu corazón. 

Disfruta de lo que tienes hoy porque no todos tienen esa dicha. Un gran abrazo y bendiciones durante toda tu vida. Feliz 2018.