Los mexicanos amanecemos en el 2018 con tres potenciales tormentas: la política, la económica y la financiera.

La combinación de la elección presidencial, la sobrevivencia o no del TLC y la posibilidad de un endeudamiento acelerado al final del sexenio, ubican al 2018 como un año de máxima alerta.

LO POLÍTICO.- Aunque parece una tercera versión del 2006 y 2012, sobre todo por el factor López Obrador, el 2018 se cocina con distintos ingredientes.

El PRI ya no es todo el PRI. El único priista en la boleta sería Jaime Rodríguez, pero vestido de “independiente”. “El Bronco” podría repetir su fórmula de Nuevo León: le roba los operadores al PRI y, si remotamente gana, traicionará.

El éxito de la candidatura del no priista José Antonio Meade está fincada en sus alianzas extrapartido. Las traiciones internas no cesan. Y sin siete estados, el dinero de la campaña no se dará como antes.

El PAN tampoco es todo el PAN.  Ahora se arropa con el PRD y con Movimiento Ciudadano. Por eso tampoco el PRD es todo el PRD. Algunos de sus liderazgos y tribus clave acabarán migrando a las filas de Morena.

Los calderonistas, con o sin Margarita como candidata independiente, buscarán alianzas. Y todo indica que su única opción será sumarse a Meade.

El PRD va con Alejandra Barrales a salvar lo que pueda de la CDMX, y MC a defender con Enrique Alfaro su casi amarrada gubernatura en Jalisco.

Al que será difícil desbancar, a menos que él mismo se boicotee, es a López Obrador.

Los casos de desvíos de fondos a campañas del PRI, sumado al desenlace corrupto de Odebrecht, OHL y Aldesa, podrían ser la puntilla de la gran derrota sistémica.

EL TRATADO.- Por si la complicada elección presidencial fuera poca cosa, tendrá como aderezo el fin de las negociaciones del TLC. Y el pronóstico del desenlace es gris, tirándole a negro.

Cualquier mal guiño al tuitero iracundo de Trump y se aniquilarán décadas de negociaciones.

LAS FINANZAS.- El manejo laxo de la deuda pública, los inestables precios del petróleo, las crecientes tasas de interés y los incentivos fiscales de Estados Unidos han hecho que la chequera nacional sufra. Y eso, en año electoral, es muy mal síntoma.

Apretar el Gasto Público con recortes de obras, programas o burocracia son votos en contra para el partido en el poder y en favor de quienes luchan por reagendar los privilegios de las élites.

Y si no se puede contener la volatilidad cambiaria, sea por un TLC mal negociado o por la incertidumbre del relevo presidencial, el golpe sobre el precio de los combustibles que importamos y el costo del pago de la deuda serán detonadores de una nueva intranquilidad social.

Por eso decimos que el 2018 tendrá que ser manejado con pinzas. No vayamos a volver a los errores de 1976, 1982, 1987 o 1994. Aquellos que todavía hoy nos dicen, no se volverán a repetir.