Oaxaca, Oax.- Ya lo había pensado muchas veces; le daba vueltas y vueltas a la solución pero terminó convencida de que no había de otra: tenía que acabar con su vida.

La joven istmeña apenas pasaba de los 20 años, con un prometedor futuro, pero un problema personal que no quiso revelar antes a sus familiares, la llevó a tomar la fatal decisión de suicidarse, en el inicio del año nuevo.

Buscó una cuerda, la ató a un barrote de una ventana de la casa, se lo enredó en el cuello, y se dejó caer; pataleó y gritó por unos minutos pero al final quedó inerte.

Los familiares alcanzaron a escuchar los gritos, pidieron auxilio a la policía, mientras la bajaban; suplicaban a Diana que no se muriera; le reclamaban no haber pedido ayuda antes. Ella aún respiraba.

Los policías municipales llegaron a tiempo al domicilio de la colonia Laureles, en Ciudad Ixtepec; como pudieron la llevaron en la patrulla hacia una clínica. Pero no lograron llegar.

Diana perdió la vida en el camino. Las lágrimas de sus familiares no fueron suficiente. “Si la hubieran escuchado antes, si la hubieran atendido antes, quizá no habría llegado a tomar esta fatal decisión”, murmuraban los vecinos. Pero ya nada se pudo hacer. Diana murió en los albores de la vida y del nuevo año. Y entre desconsolados familiares. Todo por no oírla a tiempo.