El sistema presidencialista  estadounidense salva a Donald Trump del precipicio. Al menos por ahora. Si Trump tuviera frente a sí los sistemas parlamentarios francés o británico y la oposición fuera dominante, tendría sus días contados. Algo más, si los republicanos se condujeran por la ruta de la sensatez, lo dejarían caer.

Las revelaciones de Steve Bannon al periodista Michael Wolff en el libro Fire and Fury: Inside the Trump White House confirman las diversas filtraciones de funcionarios de la Casa Blanca a medios como The Washington Post, Politico y The New York Times durante más de un año: el presidente se comporta como un niño berrinchudo y su pensamiento carece de toda lógica política.

Es el entorno el que lleva a Trump a la Casa Blanca y no su inteligencia la que le facilita su ingreso.

Durante la campaña presidencial escribí en el Huffington Post que el único objetivo del candidato Trump no era ganar las elecciones sino mejorar su valor de marca o, si se prefiere, maximizar su Valor Presente Neto (VPN). No se necesitaban las 200 entrevistas que realizó Michael Wolff, para comprender el comportamiento de Trump. (En escala milimétrica, en el 2011, el doctor Simi utilizó la publicidad política para incrementar su valor de marca).

Para México, la confrontación entre Steve Bannon y Donald Trump es una buena noticia. Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray tendrían que estar tejiendo una alianza internacional junto a Canadá, Francia, Gran Bretaña, Alemania y Japón con miras a reforzar la protección de la globalización frente a Trump, el presidente convertido en broma. De alguna manera lo han hecho al tratar de diversificar el comercio bajo el escenario donde la negociación del Tratado de Libre Comercio fracase por motivos de Trump.

Sin embargo, el esfuerzo debe trascender al comercio. Después de la publicación del libro de Wolff, queda claro que las amenazas de Trump en contra de México y varias naciones son proporcionales a su debilidad como presidente. Trump tiene razones de sobra al amenazar a países. Su enorme capacidad de comunicación y la estructura política de Washington se lo permiten. Su enorme debilidad, se lo exige.

Lo relevante no es el libro de Wolff. Sí lo es la traición de Bannon, el estratega fascista de Trump.

El candidato republicano solía alimentar sus apetitos concupiscentes a través de Breitbart News, el portal de guerra de Bannon. El 16 de junio del 2015 en su torre neoyorquina, Trump lanzó su grito de guerra en contra de México a través de una serie de promesas que, sin desearlo, lo llevarían a la Casa Blanca.

Es Bannon el creador del eslogan: “los violadores mexicanos” y el arquitecto publicitario del muro. Es Bannon el creador del Walt Disney del horror donde los malosos mexicanos llevan la droga a Estados Unidos para seducir a la pulcra y ultamontana sociedad.

Es Bannon, finalmente, quien se encarga de llevar a Trump a lo más alto de la lista de presidentes más autoritarios; a los niveles de Erdogan (Turquía), Al-Sisi (Egipto) o Kim Jong-un (Corea del Norte). Trump convertido en una especie de Nicolás Maduro, el chofer experto en conducir camiones de carga. Trump como Jimmy Morales, el cómico que llegó a la presidencia de Guatemala gracias al azar y a la corrupción de Otto Pérez Molina.

Es el momento en el que Peña Nieto y Videgaray deben tirar con precisión el penal que le obsequió Bannon. Trump es la genial impostura de la mercadotecnia.

Merkel y Macron ya tomaron nota. Xi Jinping y Putin, también. ¿Peña Nieto se atreverá a tirar el penal? Se acabaron las amenazas.

@faustopretelin

 

El Economista