Y los delegados, ¿cuándo?

Desde el 2015 Manuel del Villar fue nombrado delegado de la Secretaría de Gobernación en Nuevo León.

Añeja práctica de los secretarios que despachan en Bucareli la de designar a un “embajador” en cada estado, para que se convierta en sus ojos y oídos de lo que ahí sucede.

Pero desde el pasado 15 de diciembre, Del Villar renunció a su codiciada posición y a depender de su jefe, Miguel Ángel Osorio Chong, para ir a prestar sus servicios de información clave para otra causa: Morena.

Esa renuncia, consumada apenas 17 días después del destape de José Antonio Meade como candidato presidencial del PRI, podría replicarse en muchos delegados de Gobernación en el país.

Si su exjefe, el exsecretario de Gobernación, ya fue descartado como una opción para el 2018, ¿qué sentido de futuro tiene para esos informantes conservar la posición?

Lo curioso es que, al igual que sucedió con el Partido Encuentro Social (PES), este pupilo de Osorio Chong terminó entregando sus servicios a Andrés Manuel López Obrador.

Por eso la pregunta de fondo hoy es ¿qué hará el nuevo secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, con los 32 delegados que fueron designados y que conservan su lealtad a su antecesor?

La pregunta no es ociosa, considerando que esos delegados federales reportan situaciones políticas locales que podrían poner en riesgo al gobierno federal.

Y una tarea secundaria es la de convertirse en los informantes y operadores secretos de las campañas políticas.

Esos delegados recolectan información que pueda beneficiar o perjudicar al candidato del partido en el poder.

Con los años, Gobernación se volvió el epicentro de la designación no solo de sus delegados, sino de otras secretarías con actividades políticas, cuyas acciones o presupuestos son claves en los resultados electorales.

Sumen las delegaciones de Sedesol y PGR, por citar dos casos, y verán cómo Gobernación se transforma en un pulpo con tentáculos políticos, judiciales y presupuestales, al servicio del Poder Ejecutivo o del candidato oficial en turno.

Por eso desde la precampaña de Meade se ve con preocupación el tiempo que podría demorar el nuevo inquilino de Bucareli para renovar esas delegaciones.

El proceso no es sencillo si se considera que quienes las ocupan ya aprendieron con los años el oficio y son personajes locales afines a quien los designó.

¿Se irían a sus casas en santa paz? ¿O, al igual que sucedió con Manuel del Villar, emigrarán a donde sus institutos políticos o su renunciante jefe les ordene?

De ahí que la salida de Osorio Chong apenas sea un acto protocolario, pero no el desmantelamiento del aparato humano aceitado para servir a un candidato que ya no lo fue. ¿Lo entenderá Navarrete Prida y actuará con la urgencia necesaria para tener todo listo en febrero, cuando arranquen las campañas? Veremos.

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