PARTE DE NOVEDADES

Hace una semana me enteré de la muerte del General de División Mario Renán Castillo Fernández. Uno de los primeros oficiales del Ejército Mexicano que se graduó como “boina verde” en la escuela de guerra del ejercito estadounidense en Fort Bragg, Carolina del Norte.

Conocí al general Mario Renán Castillo Fernández en 1986 en Oaxaca, cuando llegó como comandante del 18 batallón de infantería( hoy en día el 18 batallón se encuentra en Tenosique, Tabasco); yo venía de vacaciones para estar con mis tíos unos días, él acaba de llegar de ser Agregado Militar en Canadá y de haber ascendido a general brigadier.

Después de un año y medio que estuvo en frente del batallón y de haber desarticulado varias bandas de narcotraficantes y de acabar con la gran parte de los plantíos de amapola y mariguana en la Sierra Sur de Oaxaca, fue cambiado a la Brigada de la Policía Militar en la Ciudad de México. 

Tardó algunos años cuando supe que estaba como director del Colegio de Defensa, máxima institución educativa de la Sedena. El Colegio de Defensa Nacional es una institución educativa militar a nivel superior, se realizan estudios para la seguridad y defensa nacionales. 

Y que fue el general Renán Castillo quien formó parte de la primera generación del Colegio 1981-1982. Junto con los generales Delfino Palmerín Cordero, Ricardo Adriano Morales, José Gómez Salazar y Rigoberto Rivera Hernández. Todos ellos llegaron a ser Generales de División y ocuparon cargos de mucha importancia en la Sedena. Fue una generación que cambio el pensamiento del concepto moderno de la seguridad nacional.

El general Renán Castillo siempre fue muy amable, sencillo y atento con sus subordinados, no importaba si era un soldado o un general, siempre fue respetuoso y se ganaba el respeto y admiración de ellos.

Hay una anécdota contada por el periodista Juan Veledíaz autor del libro “Jinetes de Tlatelolco” y “El general sin memoria”. Una crónica de los silencios del Ejército Mexicano. Dicha anécdota  ocurrida en 1967, el año en que realizó el curso de oficiales de fuerzas especiales en Fort Bragg, Carolina del Norte.

Del 17 de septiembre al 15 de diciembre de aquel año, el entonces capitán Mario Renán Castillo Fernández acudió a la escuela de “guerra especial” del ejército norteamericano, donde formó parte de la primera camada de “boinas verdes” de la milicia mexicana.

Su compañero de curso en aquella aventura fue Delfino Mario Palmerín Cordero (el general Palmerín también lo conocí en Oaxaca en 1997 cuando era comandante de la VIII Región Militar y por cierto muy cercano a Diodoro Carrasco, pero ese es otro tema), uno de los militares que en el año 2000 como General de División disputó la hegemonía al grupo que se apoderó de la Secretaría de la Defensa Nacional encabezado por su entonces titular, Enrique Cervantes Aguirre.

Contemporáneos del entonces capitán Castillo Fernández cuentan que el día de su graduación como “boina verde” en Fort Bragg, algo pasó que no quiso realizar el salto en paracaídas con el que se cerraban las pruebas del curso. Desde entonces, ese episodio lo arrastró en su trayectoria castrense.

Sin embargo, cuando llegó al grado de divisionario, se le consideraba uno de los últimos generales del Ejército cuya personalidad resumía inteligencia y buen carácter.

Antes y después de su paso por la “escuela de guerra especial” estadounidense, Castillo Fernández fue profesor de táctica de ingenieros de combate; guerra irregular y seguridad interior para alumnos de primer año del Curso de Mando y Estado Mayor General de la Escuela Superior de Guerra, donde fue miembro del comité transitorio de investigaciones pedagógicas. Y alumno de esa escuela en la antigüedad 1961-1964.

Durante los años setenta, de junio de 1972 a mayo de 1974, se desempeñó como ayudante del agregado militar aéreo de la Embajada de México en Washington D.C. En aquella década durante la campaña militar contra la guerrilla en Guerrero, ya siendo coronel, fue jefe de la Sección Tercera –operaciones— del Estado Mayor de la Defensa Nacional.

Tuvo mando de tropas en varias unidades en el interior del país, también ocupó la jefatura de comandancias de zona y de región, y fue en una de éstas, en la Séptima Región Militar en Chiapas donde su trayectoria militar quedaría marcada.

Veledíaz menciona que en febrero de 1995, un año y un mes después del alzamiento zapatista en Chiapas, el general de división Mario Renán Castillo Fernández asumió el mando de la Séptima Región con cuartel en Tuxtla Gutiérrez. Entraba al relevo de su colega Miguel Ángel Godínez Bravo, el militar al que le estalló el conflicto, quien sirvió casi toda su vida en el Estado Mayor Presidencial (del cual fue jefe en la presidencia de José López Portillo) y del que se decía que de cuestiones operativas en montaña, selva y ríos no sabía nada.

Con la llegada de Castillo Fernández se dijo que comenzó la actualización de la doctrina contrainsurgente en Chiapas, se sentaron las bases para la creación de los grupos paramilitares. Por sus conocimientos en “guerra irregular”, tras su paso por Fort Bragg, y experiencia en distintos “teatros de operaciones”, el general Renán fue quien elaboró el Manual de Guerra Irregular de la Secretaría de la Defensa Nacional, de acuerdo con el libro “El enemigo interno: contrainsurgencia y fuerzas armadas en México”, del académico Jorge Luis Sierra.

El texto refiere que la “doctrina Renán” para la creación de los grupos paramilitares, se basó en que “el personal civil militarizado resulta fundamental para destruir las fuerzas integradas por el enemigo y traidores a la patria con operaciones militares”.

El comandante militar del área “puede usar al personal civil militarizado para apoyar en retaguardias, servir de informante, mediante recompensas u organizaciones secretas de información, y servir de guía de tropas, camuflado o uniformado como militar”.

Diversos articulistas y analistas tanto en México como en Estados Unidos, atribuyeron al general Castillo Fernández la autoría de las operaciones contrainsurgentes que terminaron por desarticular parte de la base social sobre la que se levantó la estructura del EZLN.

Como parte de las operaciones en terreno zapatista, el general Mario Renán Castillo Fernández fue el primer comandante de lo que se conoció como “Fuerza de Tarea Arcoiris”, que es como al interior del ejército se llamó al despliegue de tropas en el teatro de operaciones contra la guerrilla zapatista.

El autor de “Los jinetes de Tlatelolco” comenta que al mando del general Renán quedaron varios de los oficiales con preparación contrainsurgente que años después alcanzarían los más altos grados del Ejército. La “Fuerza de Tarea Arcoiris” quedó dividida en agrupamientos, cada uno tenía a su cargo diferentes áreas en uno o más municipios.

Así por ejemplo el “Agrupamiento Soto”, al mando del entonces general de brigada Armado Soto Correa, quedó establecido en San Quintín. El “Agrupamiento Llanderal”, al mando del general Guillermo Llanderal Cázares, fijó su base en Nuevo Momón. El “Agrupamiento Baca”, al mando del general Jorge Baca González, se estableció en Altamirano.

El “Agrupamiento Terán”, al mando del general Carmelo Terán Montero, se estableció en Las Tacitas. El “Agrupamiento Herrera”, bajo el mando del general Javier Herrera Barrera, quedó en El Limar. El “Agrupamiento Ballesteros”, al mando del general Rafael de Jesús Ballesteros Topete, se quedó en Guadalupe Tepeyac.

El “Agrupamiento Gaytán”, al mando del general Carlos Demetrio Gaytán Ochoa, lo hizo en Monte Líbano. El “Agrupamiento Aguilar”, al mando del general René Carlos Aguilar Páez, se estableció en Ocosingo. El “Agrupamiento Lugo”, al mando del general Miguel Lugo Rodríguez, se quedó en Chanal. El “Agrupamiento Guevara, bajo el mando del general Gustavo Adolfo Guevara Martínez, lo hizo en Bochil. El “Agrupamiento Monroy”, al mando del general Héctor Alfredo Monroy Plascencia, fijo su base en Amatitlán.

Al mando de todos estos agrupamientos estuvo el general Mario Renán Castillo Fernández, conocido como el militar que hizo frente con operaciones tácticas contrainsurgentes al EZLN.

En el año 2000, tiempo después que dejó Chiapas y asumió otras responsabilidades dentro del Ejército, el general Renán fue parte de la terna que se le presentó al presidente electo, el entonces panista Vicente Fox Quezada, para ocupar la titularidad de la secretaría de la Defensa Nacional.

No llegó a ocupar el cargo, en su lugar quedó Gerardo Clemente Vega García, un oficial de infantería y de academia que por entonces tenía solo un año como General de División, lo cual lo colocaba en inferioridad de experiencia no solo al lado de Renán Castillo Fernández, sino del divisionario Delfino Mario Palmerín Cordero, con quien protagonizaría uno de los desencuentros más ríspidos en esos años en el Ejército.

Y que terminó mandando a Palmerín Cordero como agregado militar en Londres, lo que hizo que terminara con su carrera militar. Tiempo después Renán pasó a retiro en marzo del 2002. Su último cargo en la Defensa fue Inspector General del Ejército.

El pasado martes 26 de diciembre se informó que el general Mario Renán Castillo Fernández falleció cerca de la media noche en el hospital militar regional de Irapuato, Guanajuato, a los 80 años de edad.