El nuevo secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, está debutando con el pie derecho. Sus primeras declaraciones dejan ver que viene en serio a ajustar lo que está suelto.

Su diagnóstico de que “en este momento el Cártel Jalisco Nueva Generación es el objetivo prioritario del Gobierno federal” fue un golpe de timón frente a quienes hasta hace muy poco lo desdeñaban o lo auspiciaban.

Sus declaraciones se dan en los días en que el Semáforo Delictivo, que preside Santiago Roel, revela que las ejecuciones del crimen organizado se elevaron en un 55 por ciento en el 2017 respecto al 2016.

Y por si existiera alguna duda, la entidad desbordada por esas ejecuciones es Nayarit, la tierra del fiscal Édgar Veytia, en proceso de juicio en Nueva York, acusado de financiar a Jalisco Nueva Generación.

De acuerdo al Semáforo Delictivo, las ejecuciones del crimen organizado en Nayarit se elevaron un 554 por ciento. ¿Alguien podría intuir por qué? ¿Cinco veces más que 12 meses atrás y nadie pudo ponerle un alto?

Lo que se asoma de las acertadas declaraciones del nuevo inquilino de Bucareli, combinadas con las cifras de ejecuciones 2017, es que vivimos una repetición del fallido modelo de combate a la inseguridad operado en el sexenio de Felipe Calderón.

El baño de sangre que se desató en México a partir de diciembre del 2006 fue consecuencia de que alguien decidió barrer del mapa a Golfos, Zetas y anexas para dejar todo el territorio en manos del capo favorito del panismo, Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Los servicios de seguridad, policiales y de inteligencia nacional operaron entonces al servicio de los intereses del Cártel de Sinaloa. Por eso la criminalidad más elevada se dio en entidades Golfo-Zetas, como Tamaulipas, Veracruz y Nuevo León, entre otros.

Tan pronto arrancó el actual sexenio, la recaptura de “El Chapo” se convirtió en estandarte de triunfo político. Y aunque se fugó una vez más por el famoso túnel, su recaptura confirmó que sus mejores días ya eran historia y dio paso para que el brazo armado del Cártel de Sinaloa –los Matazetas- se instalaran como los nuevos jefes nacionales.

Se repitió lo que en su momento se dio entre el Cártel del Golfo y Los Zetas. Un divorcio que costó mucha sangre.

Y con Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”, Erick Valencia y Martín Arzola, Jalisco Nueva Generación se fue instalando como el cártel dominante del actual sexenio.

El nuevo secretario de Gobernación sí lo tiene muy claro, y sabe de las consecuencias que esto podría tener en la próxima elección presidencial, nada exenta de contaminarse con dinero del narcotráfico.

Si una de las prioridades de Navarrete Prida es sacar limpios los comicios de julio, su mensaje no podía darse en un momento más oportuno.

Estamos en los días en que las presiones arreciarán para infiltrar candidaturas afines o patrocinadas por unos y otros cárteles. Ojalá que el mensaje penetre en los partidos y en sus líderes.