El principal problema del precandidato del PRI, PVEM y Panal es que no ha terminado de definir quién es su adversario; debe empezar a atacar.

El precandidato a la presidencia de la República de la coalición Todos por México, José Antonio Meade, ha perdido el debate ante sus oponentes. se ha dedicado a defenderse de ataques y terminó el año en un penoso tercer lugar; sin embargo, ha logrado posicionar su nombre en el escenario electoral y mantener a flote el apoyo de las bases priistas, plantearon especialistas.

De acuerdo con el politólogo Rafael Morales el principal problema que ha tenido el precandidato del PRI a la presidencia es que no ha terminado por definir quién es su adversario.

Lo que debiera hacer es concentrarse en el combate contra Ricardo Anaya, que es con quién pelea por el segundo lugar, más que en reñir con López Obrador que se mantiene en un distante primer lugar. En estos momentos, su objetivo debe ser apoderarse indiscutiblemente del segundo lugar en la competencia.

Eso no lo han visualizado en su equipo de campaña y es por ello que terminó el año en una incómoda tercera posición, cuando el objetivo debió ser terminar en el segundo lugar.

El problema es que no ha sabido presentarse como un adversario real. Tiene que comenzar a atacar; tiene que subirse al ring, cosa que no usó en la primera parte del periodo de precampaña.

Para el especialista en procesos electorales, si algo no ha hecho Meade es fijar la agenda de la precampaña. No sólo no ha podido fijarla, sino que ha perdido el debate de manera penosa.

Además en su equipo de campaña ha caído en desatinos. Puso como ejemplo el mensaje de su coordinador de campaña, Aurelio Nuño, donde señala que, en el día uno del gobierno del presidente Meade, México va a ser declarado un territorio libre de pobreza extrema para todos los niños del país, cosa que, evidentemente, ni él ni quien sea que fuere el presidente lo podrá hacer.

Ese tipo de aseveraciones en lugar de fijar agenda terminan convirtiéndose en materia para el escarnio.

Llamó la atención la necesidad que ha tenido Meade en invertir tiempo de precampaña para contestar acusaciones que le han hecho sus contrincantes, por ejemplo, la malversación de recursos, independientemente de que hayan sido ciertas o no.

Aclaró que parte de la respuesta a la pregunta de ¿por qué no lo ha logrado? Tiene que ver con que, por ser el precandidato del partido en el gobierno, tiene el delicado problema de tener poco margen para poder definir su propia agenda.

Le toca defender las reformas estructurales de las que él mismo ha sido artífice, lo que significa que no puede romper con el pasado del PRI al que pertenece ni tampoco del PAN al que también sirvió años atrás.

En cambio, eso sí lo puede hacer Ricardo Anaya porque está presentándose como un político independiente a los dos gobiernos anteriores al que quiere encabezar (el del priista Enrique Peña Nieto y el del panista Felipe Calderón). Incluso, puede criticar a sus excompañeros de partido Felipe Calderón y Vicente Fox, porque ha roto con los dos. En ese sentido, destacó que Meade no puede romper con Peña Nieto.

Sin embargo, señaló que lo que sí ha hacho bien es mantener a flote la base mínima de apoyo del PRI. El reto que tenía era presentarse como un candidato externo pero que fuera afín a la militancia priista. Si bien él no es el artífice de esta operación política, el apoyo que le brindó el presidente Peña le permitió salir airoso de esta primera gesta interna, porque es real que corrió el riesgo de haber sido rechazado por las corporaciones priistas.

El Presidente Peña Nieto supo hacer correctamente los amarres y alinear los liderazgos de los sectores y grupos del partido para que el partido no se saliera de control y, por lo menos, aparentemente, lo que han mostrado es un PRI cohesionado en torno a su candidatura.

A Meade ya lo voltean a ver

La etapa de precampaña ha servido a José Antonio Meade para que los ciudadanos “lo volteen” a ver y para colocarse en la disputa por el segundo sitio de las preferencias electorales para la Presidencia de la República. Pero, para quedarse en la contienda real, deberá lograr representar algo significativo para los ciudadanos como la confianza, planteó Roy Campos, presidente de Consulta Mitofsky.

Para Campos, si bien a Meade no le favorecen las preferencias en las encuestas electorales, el precandidato priista ha sabido aprovechar las precampañas, pues hoy su nombre es conocido ya por la mayoría de los mexicanos.  De acuerdo con la encuesta Preferencias y escenarios para el 1 de julio del 2018 de Consulta Mitofsky, José Antonio Meade se disputa con Ricardo Anaya el segundo sitio entre las preferencias electorales del 2018 con un 18.2%, dos puntos abajo del panista quien se ubica en 20.4 por ciento.

Desde que arrancaron las campañas, Meade muestra una ligera caída, pues en diciembre pasado el precandidato tenía una preferencia de 19.4 por ciento.

Para Roy Campos, Meade ha sabido usado el tiempo de precampañas para posicionar su nombre entre los mexicanos y para desligarse de lo que le puedan representar personajes vinculados a la corrupción.

“Todos tienen cola que les pisen, por lo que están tratando de que en la precampaña salgan estas cosas para que no figuren en la campaña. De esta manera vemos a Meade de una vez separándose de Javier Duarte”, dijo.

Una vez iniciada la etapa de campaña, Meade como candidato tiene la oportunidad de avanzar en la preferencia ciudadana, pero para ello deberá no sólo plantear propuestas, sino representar algo, como en su momento lo ha hecho López Obrador que ha intentado simbolizar esperanza de cambio.

“Meade deberá representar el cambio, la estabilidad, que haya algo más emotivo en la representación frente al ciudadano. Lo importante no es tanto una propuesta, sino en un símbolo”, explicó.

Una opción, dijo, es simbolizar confianza, sobre todo cuando ésta es de la que carece el PRI por parte de los ciudadanos: “Meade podría tratar de representar confianza, pero lo difícil para él es cómo te acercas al PRI, pero a la vez tratas de decir ‘yo no soy priista’. Tiene esa dificultad que carga con el prejuicio del PRI, pero lo requiere.

Un aspecto contra Meade, destacó, es que en la construcción de su candidatura debe cargar con la mala aprobación que tiene el presidente Enrique Peña Nieto así como la imagen de corrupción que se asocia al PRI.

Quizá por ello, indicó, el discurso de Meade en esta primera etapa de precampaña está enfocado en atraer a los que no están enojados con el gobierno saliente. “Meade está tratando de conectar con ellos para decirles que no pierdan lo que tenemos bien, les dice ‘vénganse para acá’”.

Su discurso es de continuidad

Además de ofrecer convertir a México de un país emergente a una potencia, José Antonio Meade ha invertido la primera mitad de su precampaña en defenderse de los ataques que recibe de sus adversarios así como en tomar distancia de priistas corruptos.

El analista político y académico de la UNAM, Edgar Ortiz Arellano, expuso que el ex secretario de Hacienda y Crédito Público ha apostado por un discurso de continuidad de las reformas realizadas por la administración de Enrique Peña Nieto así como a enfatizar sus cualidades como funcionario público y de preparación profesional. Sin embargo, gran parte de su precampaña ha tenido que utilizarla para defenderse de los señalamientos que le han lanzado tanto Andrés Manuel López Obrador como Ricardo Anaya y no necesariamente por actos que lo involucren a él, pero sí a las dos administraciones federales de las que fue secretario de Estado.

“Ha sido funcionario público de una administración priista que en los últimos años ha sido sumamente cuestionada y el presidente tiene bajos niveles de popularidad. También fue secretario de otro gobierno al que se le identifica por una guerra muy sangrienta contra el crimen organizado. Su discurso se ha centrado en defenderse él así como las propuestas de estos gobiernos a los que sirvió”, manifestó.

Meade también ha buscado que los ciudadanos identifiquen que, aunque es postulado por el PRI, no es un priista, por lo que incluso ha optado por marcar su distancia con priistas involucrados en actos de corrupción como el exgobernador Javier Duarte.

“Ha perdido tiempo en desmarcarse, pero es lógico que lo haga porque el PRI se encuentra sumamente lastimado ante la opinión pública por los escándalos de corrupción de exgobernadores del PRI y algunas malas decisiones por parte del ejecutivo. Meade ha gastado mucho tiempo en ello”, dijo.

El analista expuso que, como es sabido, López Obrador es el precandidato que más ha recorrido el país, por lo que Meade deberá intensificar su precampaña por tierra para recorrer México en poco tiempo, además de mostrarse como un ciudadano y no como un político. “Meade tiene que poner énfasis en su calidad de ciudadano, en lo que él vive como ciudadano a diario, como persona de a pie, lo que vivimos a diario los mexicanos, debe orientarse hacia allá. Segundo, su experiencia como profesionista, como buen estudiante que fue, como hombre exitoso en el servicio público, desde esa óptica, hacer un análisis crítico de lo que está sucediendo en el gobierno y en los diversos sectores: el económico, social y cultural del país. Tercero, tiene que ser más empático con la ciudadanía en términos de sus necesidades”, explicó.

Consideró que, si bien diversas encuestas reflejan que Meade pelea el segundo sitio con Anaya, en las preferencias electorales, para que su campaña tenga posibilidades de triunfo, tendrá que poner énfasis en sus propuestas y en los cómo logrará convertir a México en una potencia mundial.

José Antonio Meade

• Nació el 27 de febrero de 1969 en la Ciudad de México.

• Es doctor en Economía por la Universidad de Yale.

SE HA DESEMPEÑADO COMO:

• Secretario de Hacienda y Crédito Público

• Secretario de Relaciones Exteriores

• Secretario de Desarrollo Social

• Director de Financiera Rural

• Director de Banrural

El precandidato del PRI-PVEM-Nueva Alianza ha recorrido al menos 19 estados para reunirse con militantes de los tres partidos que lo abanderan:

1. Chiapas

2. Ciudad de México

3. Puebla

4. Campeche

5. Yucatán

6. Sonora

7. Nuevo León

8. Jalisco

9. Tlaxcala

10. Zacatecas

11. Aguascalientes

12. Colima

13. Nayarit

14. Veracruz

15. San Luis Potosí

16. Querétaro

17. Coahuila

18. Baja California

19. Hidalgo

El Economista