SENDERO

El senderista es usuario del transporte público urbano y foráneo, de los taxis de servicio colectivo foráneo y los de color amarillo que circulan en la ciudad de Oaxaca de Juárez. No acostumbro subirme a los de azul y blanco que concesionó el gobierno anterior a pocos meses de concluir su período porque no me inspiran confianza.

Como es natural programo mis gastos de transporte como lo hacen los demás compañeros de viaje para que me alcance el presupuesto, aunque en ocasiones, no siempre, utilizo mi tarjeta de INAPAN. En los camiones soy uno de los miles de usuarios que vive el drama de salir a la calle los días hábiles  por diversas necesidades, más por el trabajo, y estoy sujeto al estado de ánimo de los conductores.

Pero me pongo a pensar y considerar también el hecho de estar sentado durante varias horas ante el volante, como los trabajadores del transporte, quienes terminan  el día cansados o fastidiados y no ven la hora de llegar a casa. Desde luego, hay entre estos servidores unos que son muy educados, otros medianamente corteses y los más que nada les importa y se comportan cual cafres del volante.

Unos reciben bien, hasta responden a los buenos días del pasajero, las credenciales del estudiante y de las personas de la tercera edad; otros lo hacen de mala gana y avientan los pesos y centavos a sus depósitos. Algunos choferes ni levantan en las paradas a las personas de la tercera edad, se pasan de largo. Unos pocos sí se detienen y esperan pacientemente, hasta ayudan, a que estas personas y las mujeres embarazadas y con hijos suban con cuidado.
Antes, uno de los puntos de acuerdo que alcanzaban la comisión de estudiantes universitarios y los transportistas, luego de las protestas y secuestro de autobuses,  era precisamente el trato digno y humano que deben prestar los conductores, y que éstos hicieran  solo su trabajo sin la compañía de barbajanes y cholos como lo observamos en la actualidad, pero lo más desagradable es que en sus pláticas en voz alta utilicen palabras vulgares, impropias, sin considerar que en el autobús viajan  niños y damas que merecen respeto.
Pero lo peor del caso es la anarquía que impera en el sistema de vialidad que las autoridades de los  ayuntamientos capitalino y metropolitano no han podido solucionar. Los usuarios suben y descienden de las unidades sorteando los peligros de ser atropellados, como sucede por ejemplo en la calzada Madero, en la Central de Abasto y el Parque del Amor, donde hay continuamente caos en la circulación porque todos quieren pasar al mismo tiempo. Los embotellamientos son constantes y no se diga en los días de bloqueos y marchas.
Y no descarto lo que sufre también el conductor particular que tiene que llegar a tiempo a su destino y se topa con estos problemas. La ley de vialidad parece no existir en estos casos, aunque estamos avanzando en la cultura del uno por uno y que los usuarios del transporte urbano se vayan acostumbrando a subir enfrente y bajar atrás de la unidad del transporte, según las indicaciones que hay para el público.
Aun cuando todo conductor no debería usar el teléfono celular cuando está manejando, esta prohibición es letra muerta, nadie la obedece y ha habido accidentes por desobedecer esta disposición. Nos hace falta educación y cultura al respecto.
Ciertamente que en la capital y zona metropolitana existen muchos problemas, como la basura que no parece tener fin, pero entre todos, ciudadanos y autoridades, podemos solucionarlos poco a poco porque la ciudad es nuestro gran hogar donde nos movemos miles de personas y debe estar limpia y atractiva, con una vialidad fluida y ordenada. Que no nos ahoguen los problemas grandes y pequeños, sino busquémosles entre todos la solución.
Seamos dignos de ser Patrimonio Cultural de la Humanidad