Comandadas por Doug Pederson pretenden revertir los poderosos antecedentes de Nueva Inglaterra

 

Estados Unidos ama las historias de Cenicientas, de aquellos que superan todo tipo de adversidades para salir de la nada y triunfar al final. Ese sería el cuento repleto de romanticismo si las Águilas de Filadelfia ganan el Súpertazón 52. Los encargados de las casas de apuestas no creen que vaya a suceder y consideran a los Patriotas de Nueva Inglaterra –evidentemente con los números que arrastran– como los favoritos.

Pero hay que tomarse en serio a Filadelfia, ya que tienen una buena posibilidad de conquistar su primera corona de la NFL desde 1960, y su primer trofeo Vince Lombardi.

El equipo dirigido por Doug Pederson exhibió su temple digno de un campeón, al mantener su paso ganador a pesar de perder por lesión a jugadores como su quarterback Carson Wentz (candidato al Jugador Más Valioso), el tacle izquierdo Jason Peters, el linebacker Jordan Hicks y el corredor Darren Sproles.

Filadelfia no permitió un solo punto en la segunda mitad en sus dos partidos de playoffs. Anotó 31 contra la mejor defensa de la liga, y agregó una anotación defensiva al apalear a Minnesota en el partido por el título de la NFC. Su mariscal suplente, Nick Foles, ha estado a la altura de las exigencias y jugó un partido espectacular contra los Vikingos.

Las Águilas, además, pueden provocar problemas a Tom Brady con su feroz línea defensiva, encabezada por Fletcher Cox, quien ha sido el mejor defensor en toda la postemporada. También cuentan con jugadores peligrosos en el juego por aire y el ataque por tierra.

Además, enfrentan a un plantel de Nueva Inglaterra que no ha sido tan potente como algunos de los otros equipos que Brady encabezó en sus siete Súpertazones previos, de los cuales ganó cinco (2001, 2003, 2004, 2014, 2016).

Pero para que el cuento de hadas de Filadelfia tenga un final feliz debe aniquilar a los Patriotas, no sólo ganador de cinco títulos de NFL sino también presente recurrente en postemporadas, de 18 sólo han estado ausentes tres veces. Ese dominio en las últimas dos décadas, además de la eficacia indiscutible de su mariscal Tom Brady y de la proximidad del equipo con el presidente Donald Trump también la hacen una de las franquicias más odiadas.

Nueva Inglaterra parece que siempre tiene a mano una carta ganadora, y no necesariamente por el brazo de Brady, sino con una defensa que ha ido de menos a más durante la temporada. Además, cuentan con la experiencia en el partido más importante del año, con 31 jugadores que estuvieron en el plantel que ganó el título el año pasado al remontar una desventaja de 25 puntos contra los Halcones de Atlanta.

¿Ganarán otra vez por un pelo, o Filadelfia tiene la magia para completar su cuento de hadas? La respuesta dependerá del factor Brady.

Mientras tanto, las cifras desbordan las especulaciones alrededor de este juego final –como en cada edición. Un espectáculo por el que el precio promedio del boleto para asistir es de 5 mil 700 dólares. El US Bank Stadium, estadio de vanguardia inaugurado en 2016, donde juegan Vinkingos Minnesota, tiene una capacidad de 73 mil espectadores con palcos disponibles a 279 mil dólares en el sitio de reventa de StubHub.

La audiencia promedio en los Estados Unidos en la edición anterior fue de 113.7 millones de espectadores.

Un espectáculo que regocija a los productores mexicanos de aguacate, que para esta edición enviaron 40 mil toneladas para hacer guacamole durante el juego. Se calcula, además, que se consumirán 1.35 mil millones de alitas de pollo y 51.7 millones de cajas de cerveza.

* La Jornada